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Cárcel por citar la Biblia

Lobby gay pide cárcel para Obispo que citó la Biblia al hablar de homosexuales


               
ROMA, 12/8/2015(ACI).- El lobby gay lanzó una campaña contra un Obispo católico en Suiza por haber citado el Antiguo Testamento para hablar de la homosexualidad en un evento celebrado en Alemania.
Según señalan medios locales, Mons. Vitus Huonder, Obispo de Chur en Suiza, habló en Alemania sobre el matrimonio y la familia. En el evento citó un pasaje del Levítico (20, 13) que condena las relaciones sexuales entre homosexuales.
La cita del Prelado hizo que grupos como Pink Cross en Suiza y New Ways Ministry en Estados Unidos emprendan una feroz campaña mediática en su contra. El colectivo suizo ha entablado una demanda penal para usarla como precedente en casos similares.
Hasta el momento, explica Bill Donohue de la Liga Católica en Estados Unidos, más de una docena de grupos se ha plegado a la demanda contra el Obispo que, de ser hallado culpable de fomentar la violencia contra los homosexuales, podría ser condenado hasta a tres años de prisión.
En una columna titulada “Penalizando la Biblia”, publicada el 11 de agosto, Donohue señala además que en Estados Unidos el grupo New Ways Ministry, “una organización anti-católica” y “fraudulenta”, acusa al Obispo Huonder de ‘predicar palabras peligrosas’ y lo acusa de ‘encubrir a los que tienen prejuicios contra la gente LGBT y que podrían resultar en violencia y discriminación”.
Ante las acusaciones, señala la revista Newsweek, el Prelado pidió disculpas y dijo que sus comentarios han sido malentendidos. “Lamento si mi ponencia de 50 minutos en Fulda (Alemania), referida a la base bíblica del matrimonio y la familia, fuera recibida como crítica contra la gente homosexual”, indicó.
Esa, escribe el Prelado, “no ha sido mi intención. En la conferencia cité varios pasajes incómodos del Antiguo Testamento relacionados al matrimonio, la sexualidad y la familia. Quiero clarificar que de ninguna manera quise ir contra los homosexuales”.
Al respecto, Bastian Baumann, director de Pink Cross, dijo que “no hay duda en este caso de lo que él (el Obispo) habló: no ha habido malentendido. No necesitamos para nada la caridad o la  misericordia de la Iglesia y no aceptamos sus disculpas”.
En opinión de Bill Donohue a los activistas del lobby gay “les gustaría arrestar al Papa Francisco, si pudieran. Después de todo, el Santo Padre ha condenado abiertamente la homosexualidad y la teoría de género. Concretamente él ha descrito los intentos de legalizar el matrimonio gay como ‘algo diabólico’ e incluso ha dicho que ‘la ideología de género es demoníaca’”.
“Los gays fascistas siguen escalando en Norteamérica y Europa. Su meta es penalizar la Biblia y destruir la libertad de expresión y la libertad religiosa”, concluye.

Terapia prohibida


Nuestro amigo,el P.Rodrigo L nos envía la siguiente gacetilla de prensa:

"El Estado de California, U.S.A., se ha convertido en el primero del país en prohibir por ley los tratamientos destinados a tratar la homosexualidad en menores. La comunidad científica, y, sobre todo, la Asociación Americana de Psiquiatría, llevaba años intentando relegar la que se conoce como terapia reparativa.

"Esta ley prohíbe terapias no científicas que han conducido a jóvenes a la depresión y el suicidio", escribió en un tuit el gobernador del Estado, Jerry Brown. Por su parte, el senador demócrata Ted Lieu, promotor de la iniciativa, sostuvo que "es inaceptable que alguien obligue a un menor a cambiar su orientación sexual".

La ley será efectiva a partir del primero de enero y tiene como fin parar "el abuso psicológico al que son sometidos los niños", aseguró Lieu, quien aseguró además que este tipo de terapias no tienen ningún sustento científico.

Los tratamientos, en cuestión, se remiten a antaño, pero en Estados Unidos volvieron a cobrar fuerza hace treinta años. El grupo de psicólogos asociados en torno a la National Association for Research and Therapy of Homosexuality (NARTH, siglas en inglés), considera que las tendencias homosexuales tienen sus raíces en abusos sexuales sufridos cuando se es niño o problemas emocionales generados en la infancia y que con un adecuado tratamiento, pueden ser "curados".

La medida fue festejada por el grupo de defensa de los derechos de gays y lesbianas Human Rights Campaign. En la verada opuesta, la NARTH prometió apelar la decisión en los tribunales".

Barbie Drag Queen



De la Barbie calva a la trasvesti
por Jorge Enrique Mújica, LC

Fuente: Actualidad y Análisis

El domingo 19 de agosto L´Osservatore Romano publicaba en la primera página de la edición italiana un artículo dedicado a la famosa muñeca Barbie. El artículo comienza recordando que la Barbie "sigue siendo uno de los juguetes más criticados. Con sus formas perfectas e irreales (...) se ha convertido en el emblema de perfección postiza, de la rubia vacuidad, auténtico anti-modelo para las niñas en crecimiento. Ni los intentos de hacerlas más real (desde 1997, por ejemplo, hay un abanico más amplio), ha cambiado su esencia. Barbie permanece concebida a lo botox, con su ADN escrito en la cirugía estética, antes incluso que la cirugía estética se volviera una rutina; demostrándose impermeable a tiempo y a modas, el primer ejemplar se remonta al 9 de marzo de 1959".

Pero el artículo no es un panfleto de denuncia. Inmediatamente después recuerda que los productores de la célebre muñeca han querido evidenciar que la muñeca no invierte todo el tiempo poniéndose guapa para ver a Kent: "Barbie, de hecho, ha sido (entre otras cosas) médico, astronauta, embajadora por la paz, rockstar, atleta olímpica, oficila militar, piloto, policía, bombero, veterinaria y peleontóloga. Una mención aparte merece la relación entre Barbie y la Casa Blanca. Ni democrática, ni republicana (pero líder indiscutible del "B Party") ha sido muchas veces candidata presidencial de los Estados Unidos".

Líneas después se menciona lo que ha sido objeto de atención mediática en el afán de relacionar al Vaticano con la promoción de la muñeca de Mattel: "No puede ser acusada de racismo. En los años 80´s nace la serie Dolls of the World en la cual Barbie asume finalmente los rasgos faciales característicos del país que representa. Por lo demás, tuvo una amiga paraplégica: en 1997 apareció Becky, rubia, bellísima y en silla de ruedas. Menos de un mes después de su lanzamiento ocurrió la tremeda metedura de pata: la silla de ruedas no cabía en la casa de la famosa amiga (y parece que la barrera arquitectónica hizo que las ventas calleran). La última frontera es lo políticamente correcto en estos tiempos: la Barbie calva debería convertirse pronto en una realidad. Después de una campaña en Facebook se ha dado luz verde para la producción. La Barbie calva, sin embargo, no estará en venta sin oque será donada a los hospitales pediátricos que atienden niñas golpeadas por tumores".

Unos días después del artículo publicado en L´Osservatore Romano la marca Mattel anunció el lanzamiento de otra edición de la Barbie: la Drag Queen, una versión travestida de la muñeca (Barbie Diamond by the Blonds es el nombre oficial que ha recibido). Este modelo estará a la venta en diciembre de 2012, costará 125 dólares y será de edición limitada.


Drag Queen es el término usado para describir a un hombre que se viste y actúa como una mujer, enfatizando los rasgos femeninos por medio de maquillaje y vestidos. De hecho, este modelo concreto de la Barbie ha sido diseñado por un trasvesti, Phillipe Blond. Habitualmente se asocia lo Drag Queen a la comunidad gay por lo que no ha sido difícil relacionar el lanzamiento de esta edición de Mattel con un apoyo abierto a la causa del homosexualismo. "No me importa lo que piensen los demás", ha declarado Cathy Cline, vicepresidenta de la compañía, ante el aluvisón de críticas tras el anuncio del nuevo producto.

"Profesiones, color de la piel, invalidez y enferma: el camino de Barbie parece la demostración de lo infundado (al menos parcialmente) de tantas críticas porque, a fin de cuentas, incluso tiene un alma bella. Sin embargo, queda una duda: ¿cuántos de nosotros hemos realmente encontrado esas Barbies en los negocios? ¿Y por qué no vender la Barbie calva que podría tranquilizar a la niñas frente a una mamá sometida a quimioterapia? ¿Por qué Barbie no decide crecer verdaderamente? Quizá finalmente será necesaria una nueva versión de la sublime Barbie Girls".

No se puede decir que la Barbie Diamond by the Blonds es la respuesta a esas preguntas recogidas en L´Osservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede, pero sí posiblemente parte de la dinámica políticamente correcta de presentar como "natural" lo que de hecho no lo es. A fin de cuentas se puede volver a decir lo que el artículo de Galeotti dice al principio: la muñeca es un anti-modelo para las niñas (y ahora también para los niños) en crecimiento.

No en Boy Scouts

Un envío gentileza de nuestro amigo Rodrigo Longo



NUEVA YORK (AP) — Después de una revisión confidencial de dos años, los Boy Scouts de Estados Unidos reafirmaron enfáticamente el martes su política de excluir a los homosexuales de esa asociación de niños exploradores, descartando cualquier cambio pese a implacables campañas de protesta de algunos críticos.


Un comité especial de 11 miembros, integrado por líderes del grupo en 2010, "llegó a la conclusión de que esta política es absolutamente la mejor política para los Boy Scouts", dijo el vocero nacional de la organización, Deron Smith, a The Associated Press.


Smith afirmó que el comité, integrado por ejecutivos profesionales de los exploradores y voluntarios adultos, fue unánime en su conclusión, preservando una política de larga data que fue ratificada por la Corte Suprema en el 2000 y ha sido controversial desde entonces.


Como resultado de la decisión del comité, la junta ejecutiva nacional de la organización no tomará ninguna otra acción en respuesta a una resolución presentada recientemente que solicita reconsiderar la política.


Los Boy Scouts no identificaron a los miembros del comité especial pero dijeron en una declaración que representaban "una diversidad de perspectivas y opiniones".


"La revisión incluyó conversaciones francas e investigaciones y evaluaciones extensas, tanto dentro como fuera de la organización", dijo la declaración.


El director ejecutivo de los Boy Scouts, Bob Mazzuca, sostuvo que la mayoría de las familias de los niños apoya la política, que se aplica tanto a los líderes como a los niños exploradores.


http://voces.huffingtonpost.com/2012/07/17/boy-scouts-gays-miembros_n_1679638.html?utm_hp_ref=politica

El derecho a tener un padre y una madre

por Trayce L. Hansen
licenciada en psicología, con práctica clínica y forense en California.

fuente: http://www.bioeticaweb.com/

Los defensores del matrimonio homosexual creen que lo único que los niños necesitan de verdad es amor. Basándose en dicha suposición, concluyen que para los niños es tan bueno ser criados por unos amorosos padres del mismo sexo que por otros progenitores de sexos distintos. Pero esa premisa básica –y cuanto se deriva de ella– es falsa, porque el amor no basta.
Hombre y mujer hacen aportaciones diversas a la crianza de los hijos, cada uno de una forma singular e irrepetible por parte del otro. Dicho lisa y llanamente, las madres y los padres no son intercambiables. Dos mujeres pueden, cada una de ellas, ser buenas madres, pero ninguna puede ser un buen padre.

Hay cinco razones por las que ser criados por un padre y una madre redunda en el mejor interés de los hijos.La primera es que el amor materno y el amor paterno, aunque igualmente importantes, son cualitativamente distintos y dan lugar a relaciones paternofiliales diferentes. Específicamente, la combinación del amor de madre, que muestra una devoción incondicional, y el amor de padre, que pone condiciones, es lo que resulta esencial para el desarrollo de un hijo.
Cualquiera de estas formas de amor puede ser problemática sin la otra. Porque lo que un hijo necesita es el equilibrio complementario que ambos tipos de amor y de relación proporcionan.Sólo los padres heterosexuales ofrecen a sus hijos la oportunidad de establecer relaciones con un progenitor del mismo sexo y del contrario. Las relaciones con ambos sexos en una etapa temprana de la vida hacen que resulte más fácil para un hijo relacionarse con ambos sexos más adelante. Para una chica, esto significa que entenderá mejor e interactuará adecuadamente con el mundo masculino, y que se sentirá más cómoda en el mundo de las mujeres. Y para un muchacho, lo opuesto será verdad. Tener una relación con “el otro” (un progenitor del otro sexo) también incrementa la probabilidad de que un hijo sea más empático y menos narcisista.

En segundo lugar, los niños progresan a través de etapas de desarrollo predecibles y necesarias. Algunas etapas exigen más de una madre mientras que otras requieren más de un padre. Por ejemplo, durante la primera infancia, los niños de ambos sexos suelen estar mejor bajo el cuidado de su madre. Las madres tienen mejor sintonía con las delicadas necesidades de sus hijos más pequeños y, en consecuencia, responden de forma más adecuada. Sin embargo, en algún momento, si un muchacho ha de convertirse en un hombre como debe ser, tiene que despegarse de su madre y, en vez de ello, identificarse con su padre. Un chico sin padre carece de un hombre con el que identificarse y es más probable que tropiece con problemas a la hora de forjar una sana identidad masculina.Un padre enseña a un chico cómo canalizar debidamente sus impulsos agresivos y sexuales. Una madre no puede mostrar a su hijo la forma de controlar sus impulsos porque ella no es un hombre y no tiene impulsos del mismo tipo. Un padre también inspira en un muchacho una forma de respeto que una madre no puede infundir: un respeto con el que es más probable tener a raya a un chico. Y ésas son las dos razones primordiales por las que los chicos sin padre tienen mayores probabilidades de caer en la delincuencia y acabar en la cárcel.
La necesidad de un padre también forma parte de la psique de las chicas. Hay ocasiones en la vida de una muchacha en las que sólo vale un padre. Por ejemplo, un padre ofrece a una hija un lugar seguro y sin contenido sexual en el que experimentar su primera relación hombre-mujer y afianzar su feminidad. Cuando a una chica le falta un padre que desempeñe ese papel, tiene más posibilidades de llegar a ser promiscua, en un intento equivocado de satisfacer su ansia innata de atención y aprobación masculinas.En general, los padres desempeñan un papel de contención en las vidas de sus hijos. Refrenan en los hijos una conducta antisocial y evitan que el comportamiento de sus hijas tenga un excesivo tono sexual. Cuando falta un padre que cumpla esta función, con frecuencia se derivan nefastas consecuencias tanto para los hijos sin padre como para la sociedad.

El tercer motivo es que chicos y chicas necesitan un progenitor del sexo opuesto que les ayude a moderar sus propias inclinaciones vinculadas a su género. Por ejemplo, los muchachos se inclinan en general por la razón más que por la emoción; prefieren las normas antes que las relaciones; correr riesgos en vez de ser cautos, y optan por las normas por encima de la compasión, mientras que, por regla igualmente general, las muchachas se inclinan por lo contrario.Un progenitor del sexo opuesto ayuda a su hijo o hija, según sea el caso, a controlar sus propias inclinaciones naturales enseñándole, con la palabra y de modo no verbal, el valor de las tendencias contrarias. Esa enseñanza no sólo facilita la moderación, sino que también amplía el mundo de cada hijo, ayudándole a ver más allá de su propio y limitado punto de vista.

En cuarto lugar, el matrimonio entre personas del mismo sexo incrementará la confusión sexual y la experimentación sexual de los jóvenes. El mensaje implícito y explícito del matrimonio homosexual es que todas las opciones son igualmente aceptables y deseables. Por tanto, incluso los hijos provenientes de hogares tradicionales, si caen bajo la influencia del mensaje de que todas las opciones sexuales son iguales, crecerán pensando que no importa con quién se relacione uno sexualmente o se case.Sostener semejante creencia llevará a algunos jóvenes impresionables a considerar planes sexuales y maritales que nunca antes se habrían planteado. Y los hijos de familias homosexuales, que tienen más probabilidad de incurrir en experimentos sexuales, lo harán incluso en mayor medida, porque no sólo sus padres han establecido como modelo de conducta la sexualidad no tradicional, sino que también esta habría recibido la aprobación social.
No hay duda de que la sexualidad humana es maleable. Pensemos en la Grecia o la Roma antiguas, en las que la homosexualidad masculina y la bisexualidad estaban presentes en la sociedad. Ello no sucedía porque la mayoría de aquellos hombres hubieran nacido con un “gen homosexual”; se debía, más bien, a que la homosexualidad era aprobada en tales sociedades. Aquello que una sociedad admite se multiplica dentro de ella.
Y quinto, si la sociedad permite el matrimonio homosexual, también tendrá que permitir otros tipos de matrimonio. La lógica jurídica es sencilla: si prohibir el matrimonio homosexual es discriminatorio, entonces, rechazar el matrimonio polígamo, el matrimonio “abierto” cuyos cónyuges mantienen varias relaciones al mismo tiempo, o cualquier otra agrupación marital será igualmente considerado discriminatorio.Las repercusiones emotivas y psicológicas que semejante colección de situaciones tengan sobre las psiques y la sexualidad en desarrollo de los niños serían desastrosas.
¿Y qué les sucede a los hijos de estos matrimonios alternativos si la unión se disuelve y, a continuación, cada progenitor “vuelve a casarse”? Estos hijos podrían acabar teniendo cuatro padres, o dos padres y cuatro madres, o… pongan ustedes lo que gusten en el espacio en blanco.Por supuesto que las parejas homosexuales pueden dar amor como las parejas heterosexuales, pero los hijos necesitan más que amor. Necesitan las cualidades distintivas y las naturalezas complementarias de un progenitor masculino y otro femenino.
La sabiduría acumulada a lo largo de más de 5.000 años ha llegado a la conclusión de que la configuración marital y parental ideal es la que forman un hombre y una mujer. Despreciar con arrogancia semejante acervo de sensatez, y utilizar a los hijos como conejillos de indias de un experimento radical, resulta arriesgado, en el mejor de los casos, y catastrófico en el peor.
El matrimonio homosexual no redunda en el mejor interés de los hijos. Y aunque podamos comprender el estado de ánimo de los homosexuales que desean casarse y tener hijos, no podemos permitir que nuestra compasión hacia ellos anule nuestra compasión hacia los niños. En la contienda entre los deseos de algunos homosexuales y las necesidades de todos los niños, no podemos permitir que los niños salgan perdiendo.

Una leona

Exposición en la Audiencia Pública del Senado de Salta, Argentina
14 de junio de 2010
Legislatura de Salta

Soy Elena D'Angelo de Marcone, una mujer argentina de clase media. Casada a los 25 años, llegamos a cumplir las Bodas de Plata, luego murió mi marido, ahora tengo 86 años. Tuvimos nueve hijos, a los que ahora se han agregado (saquen la cuenta) 6 yernos, 2 nueras, 58 nietos, 10 nietos políticos y 15 bisnietos: 100 personas! descendiendo de un varón y una mujer. Creo que esta realidad me habilita para hablar hoy aquí en nombre de la gran familia argentina.

No vengo a vilipendiar, como personas individuales, a mis hermanos homosexuales, pero, ¡eso sí!, a defender, con uñas y dientes, a la familia. Por eso ustedes, señores senadores, hoy considérenme...¡una leona parida que sale a defender su cría! ¿A mis "cachorros" les quieren enseñar ustedes que NO somos, o varón o mujer, y que no hay otra? ¿Nos van a obligar a que: a nuestros hijos se les enseñe en las escuelas que SE PUEDE ELEGIR EL "GENERO" (o sexo) QUE UNO QUIERE TENER? Tremenda mentira biológica y psicológica! ¿Ignoran que: operaciones,implantes, hormonas, afeites, etc., no logran jamás borrar de los cromosomas el sello genético: "equis y" para ellos, y "equis equis" para ellas? ¿Y que las características psicológicas correspondientes los acompañarán hasta la muerte? ¿Ustedes estudian la posibilidad de DAR FUERZA DE LEY a las uniones entre personas del mismo sexo, que es como usar un par de zapatos, los dos para el pié izquierdo, o los dos para el pie derecho? ¿En eso gastan su tiempo? ¿Esos problemas de esas minorías van a condicionar y cambiar las sanas costumbres de la familia argentina?

¿Es posible que podamos IR A LA CARCEL por negarnos a renunciar a nuetros más caros valores morales? ¿O es que las leyes se han convertido en un poder tan inmenso y absoluto que hacen cada día más inútil el uso del libre albedrío? Ustedes, varones y mujeres, Senadores de la Nación ¿se van a hacer responsables de tamaña felonía?
Aunque en la Camara de Diputados esta ley ya ha sido aprobada, ustedes pueden todavía reflexionar y cambiar la historia. Pero, sea como fuere, sepan una cosa: la familia argentina vive, late, late en el vientre de cada madre generosa y sacrificada, y en el corazón de cada varón macho y corajudo para pelearle a la vida y traer hijos al mundo, o mejor, a la Patria. Esta Patria nuestra, NECESITADA DE GENTE y no de niños abortados, ni de drogas y adminiculos para frenar los nacimientos, y, menos, de estas parejas estériles, que configuran la cultura de la muerte! Señores: ustedes están hoy en Salta, tierra de gauchos intrépidos y viriles, y de mujeres femeninas y fértiles compañeras para toda la vida; aquí a cada gaucho le corresponde una china! Se van a ir de aqui con un NO!! grande como una casa!

En defensa del matrimonio

por el P. Roberto J. González Raeta
Parroquia Inmaculada Concepción
Monte Grande (Buenos Aires)

Estimados hermanos:

Hoy, a causa de una minoría, está en peligro la verdad sobre el matrimonio.

Como ustedes saben, se está discutiendo la ley sobre el matrimonio homosexual y como se hace uso y abuso del verbo discriminar, desearía, en primer lugar, aclarar el contenido de la acción de discriminar: es, según el diccionario, hacer diferencias, separar, y es sinónimo de distinguir. Y “la claridad de todo diálogo exige un discernimiento en orden a reconocer (CEA, 40. 20. IV. 2010), la verdad; esto no supone menospreciar ni discriminación en su acepción de trato desigual.

Otro punto que debemos tener en cuenta es la preocupante pérdida del sentido del orden natural y desconocimiento de la naturaleza o esencia del hombre, de la mujer, de la familia, de las leyes y de su fundamento en Dios.

En función y servicio a la verdad, les propongo un pequeño esfuerzo intelectual.

Podemos distinguir dos aspectos de la ley natural: la ley natural analítica (también llamada leyes de la naturaleza o ley de la naturaleza) y la ley natural normativa. La primera es universal y no puede ser controlada o modificada por los seres humanos.
Se puede, en cambio, tratar de comprender estas leyes y utilizar estos conocimientos para alcanzar objetivos. Nadie puede escapar de los efectos de la ley natural. Como estas leyes no pueden violarse, se cuidan por sí mismas, no es necesario imponerla por la fuerza.

Las leyes naturales normativas, en cambio, establecen preceptos para nuestro comportamiento. Los seres humanos pueden violar las leyes naturales normativas, pero no pueden evitar las consecuencias de su elección. Tanto la ley natural analítica como la normativa son de extrema importancia para el orden social y económico .Las posibilidades de éxito de las acciones humanas serán mayores cuando más se acomode y tengan en cuenta a ambas ramas de la ley natural (Cfr. Alejandro. A. Chafuen:”Raíces cristianas de la economía de libre mercado”).

Es importante atender también a la ecología humana y reconocer que todo aquello­ - enseña Santo Tomas de Aquino - que es contrario al orden de la razón es contrario también a la naturaleza humana per se.

La ley natural, la luz por la que conocemos lo que debemos hacer y lo que debemos evitar, nos la ha dado Dios con la misma creación, así lo enseña san Pablo en Rom. 1, 19-20. El hombre ha sido creado con un fin determinado, que está impreso en su naturaleza, que lo impulsa libremente, de acuerdo a la dignidad que le es propia como criatura libre. Este fin, no se lo impone el hombre, ni lo elige, sino que le viene dado, y el hombre debe reconocerlo y obedecerlo pues en ello se juega su dignidad. Él no puede tener otro fin que dar gloria a Dios, su creador.

El hombre puede, porque es libre, renunciar a su dignidad, y de hecho lo hace, al contradecir la luz de su propia razón natural y su debida inclinación.

Hermanos, debemos ser concientes que vivimos inmersos en una marejada tempestuosa de concepciones y acontecimientos inimaginables en otras épocas.

Parece que hoy, y en materia grave como es la naturaleza del matrimonio, la norma parece ser: “si es posible, es bueno y verdadero”.

Queridos hermanos, los cristianos no nos podemos dar el lujo de hacer silencio sobre cuestiones que hacen a la salud de la humanidad y debemos afirmar que “la homosexualidad no es sexualidad” (“Persona humana”, Roma 29. XII. 1975).

En un congreso de homosexualidad celebrado en Estados Unidos en 1973 se afirmó que los homosexuales eran víctimas de una injusticia, a causa de un error grave y plurimilenario de la sociedad y también de la Iglesia. El error consistiría en haber aceptado, como ley de naturaleza y consiguientemente, de Dios, la heterosexualidad cual única forma lícita de la sexualidad en la relación íntima interpersonal. No se trataría de ley de naturaleza o de Dios, sino de simple modelo cultural, sacralizado posteriormente como tabú. Estas afirmaciones no son otra cosa que una promoción exultante a nivel mundial de la homosexualidad.

Hermanos, en esta materia, parecería que la consigna es avanzar, avanzar siempre, a cualquier costo y caiga quien caiga.

Los obispos argentinos afirman que “el Estado actuaría erróneamente y entraría en contradicción con sus propios deberes al alterar los principios de la ley natural y del ordenamiento público de la sociedad argentina” (CEA, 3. 20. IV. 2010).

Para finalizar, recordemos lo que san Pablo en la Carta a los Romanos nos enseña, sin eufemismos y con claridad, sobre este tema: los hombres, “jactándose de sabios se volvieron estúpidos, (…). Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, (…). Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrazaron con deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío” (Rom. 1, 22-27).

Ante estas palabras de San Pablo, no olvidemos que la Iglesia ama, con entrañas de madre, al enfermo pero no a la enfermedad.

Hermanos, pidamos al buen Dios que nos ayude a custodiar el preciado don del matrimonio que no es solamente un tema religioso como se nos quiere hacer creer, la verdad sobre el matrimonio es una cuestión de ley natural común para todo ser humano; que sostenga en todos “la sana ambición de ser hombre” (Juan Pablo II, Disc. en la UNESCO), y por último que nos libre del miedo, de la cobardía y que podamos asumir las consignas que san Pablo nos da en la carta a Timoteo:

“Te conjuro en la presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha venido a juzgar a vivos y muertos, por su Manifestación y por su Reino. Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana y, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades, apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate con toda prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizar, desempeña a la perfección tu ministerio” (II Tim. 4, 1-5).

No olvidemos que la virtud no sólo es razonable, sino que hace buenos al hombre y a sus obras

G. in D.

P. Roberto J. González Raeta

Derechos homosexuales


La verdad sobre el movimiento de derechos homosexuales

por Ronald G. Lee



Librero de Houston, Texas
Febrero 2006
Fuente:Aciprensa


ADVERTENCIA DEL EDITOR: El siguiente ensayo, escrito por un ex homosexual, revela la realidad psicológica que anima a los grupos de presión homosexual. Al hacerlo relata hechos y práctica del “estilo de vida homosexual” s con absoluta crudeza. El autor ha pedido que se respete la cruda y gráfica versión original, por ello, no recomendamos su lectura a quienes creen que la descripción de algunas prácticas homosexuales pueden ofenderle. Si lo lee efectivamente, no nos envíe una queja. Ha sido advertido de antemano.



Existía una librería "gay" llamada Lobo's en Austin, Texas, cuando vivía allí como estudiante. El diseño era interesante. Ver el interior desde la calle permitía apreciar solo libros. Parecía una librería cualquiera.

Había una sección dedicada a los clásicos de ficción "gay" de escritores como Oscar Wilde, Gertrude Stein y W. H. Auden. Había biografías de prominentes iconos "gay", algunos de los cuales, como Walt Whitman, probablemente habrían aceptado ser etiquetados como homosexuales, pero muchos de ellos también como el ídolo de Whitman, el Presidente Lincoln, que se habían acomodado en la causa solo por haber tenido cosas como un mal matrimonio o una intensa relación con alguien del mismo sexo. Había desapasionadas memorias "gay" modernas y recuentos históricos de los orígenes y el desarrollo del movimiento de los "derechos gays". Todo se veía tan inicuo y tan burgués.

Pero si ibas más allá de lo que se veía, antes de ver cualquier otra sección, detrás de los libros, había una sección no visible: la sección de pornografía. Cientos y cientos de videos pornográficos, todos sobre hombres, o que versaban sobre cualquier categoría concebible para todo gusto sexual o fantasía. Y te dabas cuenta de algo más también. No había clientes al frente. Todos los clientes estaban en la parte de atrás, en la zona de los videos. Hasta donde sé, soy la única persona que sí compró un libro en Lobo's. Los libros eran, en el estricto sentido de la palabra, una pantalla para el porno.

¿Entonces por qué desperdiciar cientos de miles de dólares en libros que nadie iba a comprar? Era claro que de la gran zona de libros "a la venta" solo una pequeñísima parte de ellos iban a ser comprados a su precio original. Los dueños de Lobo's estaban aparentemente desperdiciando mucho dinero en novelas gay y en trabajos de la historia gay, cuando todo el dinero real estaba en la pornografía. Pero el dinero gastado en libros no estaba siendo desperdiciado. Era usado para comprarlo como un lugar que es más precioso que el oro para el establishment del movimiento de derechos gay.


Sin la inversión, no estaríamos involucrados en un debate serio sobre la legalización del "matrimonio" de personas del mismo sexo. Por el tiempo en que viví en Austin, había estado pensando sobre mí mismo como gay por casi 20 años. Basado en la experiencia adquirida durante esos años, reconocí en Lobo's una metáfora para la estrategia usada para vender los derechos gay a las personas de Estados Unidos, y para la sórdida realidad que la estrategia ocultaba.

Así es como "deconstruyo" Lobo's: hay dos clases de personas que miran por la ventana: los que están tentados a involucrarse en actos homosexuales, y los que no lo están.

Para quienes no lo están, los estantes de libros transmiten el mensaje de que los gays no son distintos a nadie, que la homosexualidad no está mal, es solo diferente. Ya que la mayoría de ellos nunca sabrá más de la homosexualidad además de lo que han aprendido mirando por la ventana. Esa impresión es de gran importancia política y cultural, porque sobre esa base reaccionarán sin alarma, o incluso con apoyo activo, al progreso de los derechos gay. Hay millones de estadounidenses bien intencionados que apoyan los derechos gay porque creen que lo que están mirando en Lobo's es lo que en realidad hay allí. No se les ocurre que están mirando un escenario manejado precisamente para manipularlos, distraerlos de una verdad que nunca perdonarían.

Para quienes están tentados a involucrarse en actos homosexuales, la vista desde la calle también es consoladora. Hace que la vida como homosexual se vea segura y libre de amenazas. Normal, en otras palabras. Tarde o temprano, muchas de estas personas dejarán de mirar hacia adentro y efectivamente entrarán. A diferencia de los compradores usuales, no se distraerán con los libros por mucho rato. Rápidamente descubrirán la sección pornográfica. Y sin importar cuán desagradable encuentren la idea al principio (si en efecto les resulta así), también se darán cuenta de que la sección pornográfica es donde están los clientes. Y se sentirán tontos entre los libros. Eventualmente, encontrarán su camino hacia la zona porno, como el resto de clientes. Y como ellos, comenzarán a mirar los videos. Y, querido lector, allí es donde la mayoría de ellos pasará el resto de sus vidas, hasta que Dios o el SIDA, las drogas o el alcohol, el suicidio o la soledad en la vejez, intervenga.

Ralph McInerny una vez ofreció una definición brillante sobre el movimiento de los derechos gay: autodecepción mientras el grupo se esfuerza. Sin embargo, la decepción del público en general también es vital para el éxito de la causa. Y en ningún otro lugar la decepción es más egregia, o tan exitosa, como en la campaña para persuadir a los cristianos de que, para parafrasear el título de un reciente libro, Jesús fue Gay, y las iglesias deben abrir sus puertas a los amantes del mismo sexo.

El movimiento cristiano gay descansa en una estratagema que es desafiante y deshonesta. Lo sé porque fui convencido por éste durante largo tiempo. Como los dueños de Lobo's, el éxito depende del camuflaje de la verdad, que está escondida del plano general todo el tiempo. No es de sorprender que El Mago de Oz sea tan interesante entre los homosexuales. "Ponle atención al hombre detrás de las cortinas" podría ser un lema y el mantra para todo el movimiento. Ningún libro tuvo tanta influencia en mi propia experiencia de salir del closet como el "clásico" del ex sacerdote John McNeill de 1976 "La Iglesia y el Homosexual". Este libro es para Dignity[1] lo que el Manifiesto Comunista fue para la Rusia Soviética. Buena parte del libro está dedicada a ofrecer interpretaciones alternativas a pasajes que condenan la homosexualidad, y a poner las escrituras anti-homosexuales de los Padres de la Iglesia y los escolásticos en contextos históricos de modo tal que los presenta como irrelevantes e incluso ofensivo para los lectores modernos.

La primera impresión de un joven lector ingenuo y sexualmente confundido como yo a lo que McNeill había ofrecido era tenerlo como una alternativa plausible a la enseñanza tradicional. Me hizo sentir justificado al decidir salir del closet. ¿Eran sus argumentos persuasivos? Francamente, no me importaba, y no creo que a la mayoría de los lectores de McNeill tampoco les importe. Fueron entrenados en ese lenguaje y les sonaba plausible. Eso era todo lo que importaba.

McNeill, como la mayoría de los miembros de su campo, trató el debate sobre la homosexualidad al principio y básicamente como un debate sobre su propia interpretación de los textos, pasajes como la historia de Sodoma en la Biblia y lo artículo relevantes de la Summa (Theologica).

La implicancia fue que una vez que eran reinterpretados, o precisados como irrelevantes, los defensores de los derechos gay habían prevalecido; y la puerta estaba abierta para que los homosexuales practicantes tengan la cabeza en alto en la iglesia. Y existe cierto sentido en lo que esto se puede considerar que ha logrado ser aceptado como verdad. Dada la extensión del debate que se ha enfocado en interpretar los textos, los apologistas gay han ganado para sí mismos cierto grado de legitimidad. Pero eso es porque, como para cualquiera que está familiarizado con la historia del protestantismo, la interpretación de textos es un proceso interminable. Los esfuerzos de personas como McNeill no necesitan ser persuasivos, solo necesitan ser útiles.

Así es como funciona. McNeill reinterpreta la historia de Sodoma, aduciendo que no condena la homosexualidad, sino la violación entre varios. Los teólogos ortodoxos responden, en un encomiable pero ingenuo intento por rebatirlo: ingenuo porque estos teólogos presumen que McNeill cree en sus propios argumentos, y le están escribiendo a un estudioso, no a un propagandista.

McNeill ignora los argumentos de sus críticos, desechándolos por estar basados en la homofobia y repite su posición original. Los ortodoxos responden nuevamente como si en realidad estuvieran tratando con otro teólogo. Y la cosa va y viene varias veces más. Finalmente McNeill o alguien como él se pone de pie y anuncia: "Sabes, esto no nos está llevando a ninguna parte. Tenemos nuestra exégesis y nuestra teología. Ustedes tienen la suya. ¿No podemos simplemente estar de acuerdo o en desacuerdo?" Eso suena razonable, tan ecuménico.

Y si los ortodoxos se lo tragan, han perdido, porque los apologistas de los derechos gay han ganado un lugar en la mesa desde donde hablan y nunca serán sacados. Llegar a la verdad sobre Sodoma y Gomorra, o correctamente aprender la ética de Santo Tomás, nunca fue el verdadero asunto. Ganar la admisión a la Santa Comunión era lo que les importaba.

Incluso como un joven ingenuo, un aspecto de "La Iglesia y el Homosexual" me golpeó como algo extraño. Dado que McNeill estaba sugiriendo una revisión radical de la ética tradicional católica, no había casi nada en ella sobre ética sexual. La ética sexual católica es bastante específica sobre los fines de la sexualidad, y sobre las formas de conducta coherentes con esos fines. La crítica de McNeill a la ética tradicional ocupaba gran parte de su libro, pero dejaba al lector con solo la vaga idea sobre lo que proponía en lugar de ella. Por esa razón, no había casi nada en el libro sobre la vida real de los homosexuales reales. La homosexualidad era tratada en todo el libro como una especie de abstracción intelectual.

Pero estaba desesperado por tener alguna idea por saber lo que me esperaba en el otro lado de la puerta del closet. Y con nadie excepto el P. McNeill como guía, estaba restringido a leer entre líneas. Había un solo pasaje que interpreté como una clave. Era una cosa accesoria, realmente. En un punto, él comentaba que las uniones monógamas de personas del mismo sexo eran coherentes con las enseñanzas de la Iglesia, o al menos coherentes con el espíritu de la Iglesia renovada después del Concilio Vaticano II.

Con nada más para seguir, interpreté esto en un sentido prescriptivo. Interpreté a McNeill como si estuviera afirmando que los actos homogenitales eran morales solamente en el contexto de una relación monógama. Y, además, salté a lo que parecía una conclusión razonable que el autor conocía este tipo de relaciones, y que mi expectativa razonable era encontrar tal tipo de relaciones para mí. De otra manera, ¿para el beneficio de quién estaba él escribiendo? No eran tan ingenuo (aunque sí lo era mucho) como para no saber de la existencia de hombres homosexuales promiscuos. Pero, con McNeill al costado, repito, contenía virtualmente la única fuente en la que se ofrecía una ética sexual gay, lo que me hizo creer que además de los promiscuos, existía un contingente de hombres gay que estaban comprometidos en la vida monógama. De otra forma, el P. McNeill estaba implícitamente defendiendo la promiscuidad. Y la sola idea de que un sacerdote defendiera la promiscuidad era inconcebible para mí (Sí, así de ingenuo era).

Hace varios años, McNeill publicó una autobiografía. En ella, no escatimaba palabras sobre su experiencia como un sacerdote católico sexualmente activo y promiscuo. Escribe casi de modo nostálgico sobre el tiempo que pasaba de caza sexual en bares. Aunque llegó a encontrar un compañero estable (mientras era sacerdote todavía) nunca se disculpó por sus años de promiscuidad, o incluso ni siquiera por lo que alude a la disparidad entre su propia vida y el pasaje en "La Iglesia y el Homosexual" que significaba tanto para mí.

Es posible que ni siquiera recuerde haber sugerido que se supone que los homosexuales deben mantenerse célibes hasta que encuentran una relación monógama. Es obvio que nunca quiso que ese pasaje se tomara seriamente, excepto por aquellos que solo miraban por la ventana, en otras palabras, no por aquellos católicos no homosexuales, bien intencionados, de preferencia aquellos en posiciones de autoridad. O igualmente ingenuos, que lo tomaran en serio los jóvenes como yo que estaban buscando una razón para actuar según sus deseos sexuales, preferentemente aquellos que no hirieran tanto sus conciencias, al menos no al principio. Los últimos, el escritor presumía, eventualmente encontraron el camino hacia la sección pornográfica, en donde su complicidad en la estafa los haría indistinguibles del resto de clientes regulares. Claramente, había una razón por la que en el primer libro escribía tan poco sobre las vidas reales de los homosexuales, como él mismo.

No veo como la contradicción entre "la Iglesia y el Homosexual" y la autobiografía pudiera ser accidental. ¿Por qué McNeill pretendería creer que los homosexuales deben restringirse al sexo dentro de relaciones monógamas cuando su vida demuestra que él no lo hacía? Solo puedo pensar en una razón: porque él sabía que si decía la verdad su causa moriría en el agua.

Aunque hasta el día de hoy McNeill, como todos los propagandistas cristianos gays, evita el asunto de la ética sexual como si fuera algún tipo de peste, su vida permite conocer claramente lo que en realidad piensa. Cree en una libertad sexual irrestricta. Cree que hombres y mujeres deben tener el derecho a formar parejas con quien sea que lo deseen, cuando lo quieran, cómo lo quieran, y con la frecuencia que deseen. Probablemente él añadiría algún tipo de comentario insignificante sobre ninguno de los dos saliendo herido o siendo ambos tratados con respeto, pero cualquiera que está algo familiarizado con el culebrón de la cultura sexual moderna (heterosexual y homosexual) sabrá qué tan seriamente debe tomar ese comentario.

Y él sabía perfectamente bien que si era honesto sobre sus objetivos reales, no habría Dignity, no habría Movimiento Gay cristiano, al menos no uno que tiene las posibilidades de éxito como si fuera una bola de nieve. Sería como desechar los libros y dejar a los compradores casuales que miran por la ventana que vean la pornografía. ¿Y no podemos tener eso ahora, o sí?

En otras palabras, el ex P. McNeill es un mal sacerdote y una estafa. Y dado las consecuencias con frecuencia letales de involucrarse en el sexo homosexual, es un estafador con las manos ensangrentadas.

Permítanme ser claro. Creo que lo que en verdad cree McNeill, deducido de su conducta real y de los argumentos que coloca al frente para el beneficio de los ingenuos y crédulos, representa las verdaderas metas y objetivos del movimiento de derechos homosexuales. Es decir, la pornografía que los libros deben encubrir. En otras palabras, si usted apoya lo que ahora se describe en términos eufemísticos como "la bendición de uniones del mismo sexo", en la práctica está apoyando la abolición de toda la ética sexual cristiana y su sustitución con un mercado sexual irrestricto que permite cualquier cosa.

La razón por la que el movimiento de derechos homosexuales ha logrado tener a tantas personas que apoyan su causa es sencilla: porque una vez que el tabú es abrogado, no queden tabúes. Una vez escuché a un episcopaliano heterosexual ponerlo de esta forma: Si no quiero que la iglesia se meta en mi cuarto, ¿cómo puedo condonarla cuando limita la libertad sexual de los homosexuales? Esto puede sonar extraño, pero si todavía cree que el debate se refiere al estatus religioso de las relaciones sexuales homosexuales, por favor prepárese para señalar alguna iglesia en algún lugar de Estados Unidos que haya abierto sus puestas a homosexuales activos sin haberlas abierto también a toda forma de parejas sexuales imaginables. Soy demasiado viejo para ser engañado por el "Padre" McNeill y sus abstracciones. Muéstreme.

Hace unos años, me suscribí al grupo de yahoo de Dignity en Internet. Había varios cientos de suscritos. En algún punto, un joven confundido y con problemas preguntó ¿Alguno de los suscritos le da algún valor a la monogamia? Inmediatamente le respondí que yo sí. Unos días después el joven me escribió. Había recibido docenas de respuestas, algunas de las cuales eran bastante hostiles y degradantes, y todas, excepto las mías, les decían que saliera y se acostara con alguien porque en eso consistía ser gay. (Este era un grupo gay "católico") No sabía que hacer con eso porque nada de la propaganda a la que estaba expuesto antes de salir del closet lo prepara a uno para lo que estaba al otro lado de la puerta del closet. No tenía ni idea de lo que podía decirle, porque en ese tiempo todavía tenía la mentira dentro de mí. Ahora la solución parece obvia. Lo que debe escribirle era: "Te han mentido. Pídele perdón a Dios y regresa a Kansas tan pronto como puedas. La tía Em está esperando".

A la luz de la legítima preocupación por la pornografía en Internet, podría parecer irónico decir que Internet ayudó a rescatarme de la homosexualidad. Durante 20 años pensé que había algo malo en mí. Decenas de personas bien intencionadas me aseguraron que había todo un mundo diferente de hombres homosexuales, un mundo que por alguna razón nunca pude encontrar, un mundo de homosexuales temerosos de Dios, de buen obrar, y fieles en la práctica. Me aseguraron que ellos mismos conocían personalmente (de hecho o en realidad) que tales hombres existían. Ellos conocían a tales hombres (o al menos habían escuchado de algunos que sí los conocían). Y lo creí, aunque mientras los años pasaron todo se hizo más y más complicado. Luego tuve una computadora personal y una suscripción a AOL. "OK.", pensé, "los homosexuales moralmente conservadores son obviamente tímidos y temerosos de movimientos repentinos. No les gustan los bares ni los baños. A mí tampoco. No van a las reuniones de Dignity o a los servicios de la iglesia de la comunidad metropolitana porque las iglesias 'gay' son realmente baños con una máscara de lugares de culto. Pero no hay razón para que un homosexual moralmente conservador no se suscriba a AOL y envíe un perfil. Si yo puedo hacerlo, cualquiera puede hacerlo". Así que lo hice.

Escribí un perfil describiéndome como un católico conservador (más o menos) que amaba la música clásica y el teatro y los buenos libros y las conversaciones interesantes sobre todo lo anterior. Dije que tenía muchas ganas de conocer a otros homosexuales que pensaran de modo similar para tener amistad o romance. Traté de ser lo más claro posible. No estaba interesado en aventuras de una noche. Y en minutos, tras colocar el perfil, recibí mi primera respuesta que consistía en 4 palabras "¿De cuántos centímetros hablamos?" Mi experiencia de buscar amor en AOL se fue rápidamente por el caño a partir de ahí.

Cuando salí del closet en 1980, era común para los apologistas de los derechos gays culpar por la promiscuidad entre los hombres gay a la "homofobia internalizada". Los hombres gay, como los negros, internalizaron y actuaron de acuerdo a las mentiras sobre ellos aprendidas de la cultura americana reinante. Además, los homosexuales fueron forzados a buscar amor en bares, baños y parques por temor al acoso en manos del medio homofóbico.

La solución a este problema, nos dijeron, era permitir que los homosexuales salieran del closet al mundo, sin miedos. Una variante de este argumento todavía es defendido por activistas como Andrew Sullivan, para legitimar los matrimonios homosexuales. Y parecía suficientemente razonable hace 20 años. Pero han pasado 35 años desde el infame Stonewall Riots de 1969 en New York (N.T. Fueron una serie de enfrentamientos de activistas homosexuales que comenzaron el 28 de junio de este año y que marcaron un hito para este colectivo. Para algunos este hecho generó las conocidas marchas del orgullo gay), el Lexington y Concord del movimiento de liberación gay. Durante este tiempo, los homosexuales han logrado espacios públicos en toda ciudad norteamericana importante, y en muchas de las no tan importantes también. Han tenido la oportunidad de crear lo que han querido en esos espacios ¿y qué han creado? Nuevos espacios para encontrar compañeros sexuales.

Hay otra razón, además del valor de la propaganda, por la que lugares como Lobo's venden pornografía tan bien como si fuera poesía: porque sin la pornografía, pronto dejarían de tener negocio. Y de hecho, la mayoría de librerías gay ya no están en el negocio, pese a la pornografía. Tras un estallido inicial de entusiasmo en los 70's y 80's, las publicaciones gay comenzaron a declinar, y parece no haber signos de que se revierta la situación. Una vez que la novedad se quemó, los hombres gay se aburrieron pronto de leer sobre hombres que tenían relaciones entre ellos, y comenzaron a dedicar su tiempo e ingresos a conseguir el objetivo real. La comunidad de gays y lesbianas enfoca sus luchas en mantener sus puertas abiertas. Las iglesias gay sobreviven como lugares en donde los "fieles" pueden ir a dormir y limpiar sus conciencias luego de una noche de sábado en la que buscaron sexo en los bares. Y no hay peligro en haber escuchado alguna vez desde un púlpito algo que sugería que la caza en bares no es coherente con creer en la Biblia. Cuando viví en el Reino Unido, me sorprendió la extensión en la que la cultura gay en Londres replicaba la de Estados Unidos. Lo mismo en París, Ámsterdam y Berlín. La homosexualidad es una de las exportaciones culturales más exitosas de Estados Unidos. Y el centro de los espacios sociales gay de Europa es idéntico al de Estados Unidos: sexo. El ciberespacio es ahora la última conquista para el sorprendente y moderno Magallanes: el hombre homosexual en búsqueda de nuevas conquistas sexuales.

Pero en este punto, ¿cómo es posible culpar de la promiscuidad entre los homosexuales a la homofobia, internalizada o lo que sea? Sobre la base de la evidencia que no es más fuerte que el deseo sincero, Andrew Sullivan quiere que creamos que legalizar el "matrimonio" de las uniones del mismo sexo domesticará a los gays, que toda su energía dedicada ahora a construir bares y baños será dirigida a hacer cercos y garajes para dos carros. Lo que Sullivan no quiere enfrentar es que los homosexuales no son promiscuos por la "homofobia internalizada" o las leyes que prohíben el "matrimonio" de personas del mismo sexo. Los homosexuales son promiscuos porque cuando tienen la oportunidad, de manera aplastante eligen ser promiscuos. Y destruir el fundamento social de la civilización, la familia, no va a cambiar eso.

Una vez leí un ensayo curiosamente honesto en el que Sullivan admitía la razón real para promover la causa del "matrimonio" homosexual. Enfrentó la a veces sórdida naturaleza de su vida sexual, que es bastante más de lo que los activistas gay están preparados a hacer, y la lamentó. Deseó haber seguido un tipo de vida diferente, y aparentemente creía que si el matrimonio fuese una opción legal, lo habría hecho. Respeto más a Andrew Sullivan que a muchos activistas gay. Creo que él hubiera querido seriamente reconciliar sus deseos sexuales con las exigencias de su conciencia. Pero con el debido respeto, ¿estamos el resto de nosotros preparados para el sacrificio de la institución familiar por la insostenible esperanza de que hacerlo haría que para Sullivan fuera más fácil tener sus interiores con el cierre arriba?

¿Pero no es teóricamente posible que los homosexuales puedan restringirse a algo que parezca a la ética sexual tradicional cristiana, excepto en lo que se refiere a la parte de la procreación –en otras palabras relaciones de por vida monógamas? Claro que es teóricamente posible. También fue teóricamente posible en 1968 que el uso de anticonceptivos hubiera estado restringido a las parejas casadas y que la caída en la anarquía moral que hemos vivido desde entonces hubiera podido ser evitada. Es teóricamente posible, pero es prácticamente imposible. Es imposible porque toda la noción de una orientación sexual estable en la que descansa todo el movimiento de derechos gay en realidad no tiene base.

René Girard, el crítico literario francés y sociólogo de la religión, considera que la civilización humana está basada en el deseo. Todas las civilizaciones han rodeado a los objetos de deseo (incluyendo el deseo sexual) con una elaborada e irrompible pared de tabúes y restricciones. Hasta ahora. Lo que estamos viendo en el occidente moderno no es la legitimación de cualquier y no de las formas honorables de amor humano.

Somos testigos de la reducción de la civilización a su más bajo común denominador: desatado e irrestricto deseo. Decir que hemos abierto la caja de Pandora estaría por debajo de lo que en realidad sucede. Abróchense los cinturones, damas y caballeros, que se avecina un milenio complicado.

Cuando crecía, se presumía que todos éramos heterosexuales. Luego la homosexualidad fue introducida como una alternativa. No parecía una revisión muy importante al principio porque, además de la procreación, la homosexualidad, al menos en teoría, dejaba intacta el resto de la ética sexual tradicional. Dos personas del mismo género podían (en teoría) enamorarse y vivir una vida de compromiso monógamo. Luego se introdujo la bisexualidad, y las implicancias reales de la revolución sexual se hicieron claras. La monogamia salió por la ventana. Las normas morales también. La sexualidad hágalo-usted-mismo se convirtió en la norma. Quien quiera saber lo que eso quiere decir solo tiene que entrar en Internet. Allí se ofrece crudos asientos para el circo de la desintegración de la civilización.

Miren Yahoo, por ejemplo. Yahoo hace posible que las personas compartan un interés común al crear grupos con el propósito de contactarse y compartir información. Si eso solo considera a interesados en genealogía y coleccionistas de sellos, piense nuevamente.

Hay miles de miles de grupos de Yahoo que reúnen personas con todo tipo de perversión sexual imaginable. Muchos de ellos desafiarían la imaginación del Marqués de Sade mismo. Personas que hasta hace algunos años solo podían fantasear ahora tienen serias esperanzas de hacer realidad estas fantasías. Conocí a un hombre en línea cuyo más hondo deseo era ser golpeado con una billetera de cuero. Tenía que ser de cuero. Y tenía que ser una billetera. Y tenía que ser golpeado con ella. La fricción genital pasada de moda era opcional. Este hombre quería que la marca Gucci terminara tatuada en toda su espalda. No había pináculo de pasión superior a éste para él. E insistía en que este deseo era fundamental para su naturaleza sexual del mismo modo en el que el deseo de ir a la cama con un hombre lo era para mí. Además, había formado un grupo en Yahoo que tenía más de tres mil miembros, y todos compartían la misma pasión. No hay objeto en el universo, ni humano ni animal, que no pueda ser erotizado. Entonces, ¿es el deseo de ser golpeado una con una billetera de cuero una "orientación sexual"? ¿Si no lo es, qué lo hace diferente?

Hubo un tiempo en el que habría dicho: "Claro que es diferente. Puedes compartir la vida con una billetera de cuero. Puedes amar una billetera de cuero. Estás hablando de un fetiche, no de una orientación sexual. Los dos son completamente diferentes". Pero la verdad es que todos los homosexuales con los que me he encontrado tenían un fetiche para la piel desnuda masculina, con toda la cosificación y despersonalización que éste implica, que ahora considera la distinción sofisticada. El cuero es también piel, después de todo. La única diferencia real entre el hombre de Internet y el homosexual promedio es que prefería la piel italiana, bovina y bronceada.

Con los años, he asistido a distintos servicios religiosos gays y cercanos a los gays. Todos compartían una característica en común: un tácito acuerdo de nunca decir una palabra desde el púlpito –o desde cualquier lugar sobre este asunto– que sugiriera que debían haber restricciones para la conducta sexual humana. Si alguien que lee esto está familiarizado con las iglesias de Dignity o de Integrity o Metropolitan Community, o para este asunto, con el protestantismo o el catolicismo post-Vaticano II, déjenme preguntarles algo: ¿Cuándo fue la última vez que escucharon un sermón sobre ética sexual? ¿Ha escuchado alguna vez un sermón sobre ética sexual? Doy por hecho que la respuesta es negativa. ¿Nuestros sacerdotes y pastores honestamente creen que los cristianos en Estados Unidos no necesitan sermones sobre ética sexual?

Aquí está el hecho terrible: Si como nación y como iglesia permitimos que se nos estafe con las parejas monógamas del mismos sexo, estaremos recibiendo en nuestros lugares de comunión (asumiendo que todavía los tenemos) no solo a un estadísticamente insignificante número de parejas del mismo sexo que han vivido juntas por más de unos pocos años (la mayoría de los cuales compraron la estabilidad lanzando la monogamia), también estaremos legitimando cualquier tipo de gusto sexual, desde la masturbación y el adulterio pasados de moda hasta las más degeneradas formas de fetichismo. En otras palabras, estaremos dándole nuestra bendición al suicidio de la civilización occidental.

¿Pero qué hay sobre todas esas imágenes de parejas del mismo sexo que se aman, muriendo por engancharse con lo que los medios están inundados en estos días? Eso también solía confundirme. Parece que The New York Times no tiene problemas para encontrar compañeros del mismo sexo exitosos para fotografiar y entrevistar. Pero pese a mis mejores esfuerzos, nunca pude encontrar este tipo de parejas que aparecen regularmente en Oprah. Los medios tienen una ideología y no están interesados en decir la verdad sobre la homosexualidad.

Conocí a Wyatt (no es su nombre real) en línea. Durante cinco años estuvo en una relación homosexual desastrosa. Su compañero era infiel y alcohólico que también tenía problemas de drogas. La relación era algo que le hubiera dado pesadillas a Strindberg. Cuando el estado de Vermont legalizó el "matrimonio" del mismo sexo, Wyatt vio eso como una última oportunidad para hacer que su relación funcione. Él y su compañero viajaron a Vermont para "casarse". Esto atrajo la atención de un diario local, que cubrió la historia con fotos de la recepción. En la nota, Wyatt y su compañero eran presentados como una pareja amorosa que finalmente tuvo la oportunidad de celebrar su compromiso públicamente. No se dijo nada sobre el problema de las drogas ni el alcoholismo ni la infidelidad. El matrimonio fue un fracaso total y terminó muy mal varios meses después. Y el diario no le hizo el seguimiento. En otras palabras, el principal diario de una de las ciudades norteamericanas más grandes hizo una historia equívoca sobre una mala relación, una historia que probablemente persuadió a más de un joven con el hecho de que algún día podría ser tan feliz como Wyatt y su "compañero". Y esa es la parte triste.

Pocas veces uno lee cosas como las de mi amigo Harry (no es su nombre real) que era un hombre de edad promedio, calvo y un poco gordo. Estaba casado y tenía dos hijas. Y era infeliz. Harry se había persuadido de que era infeliz porque era gay. Se divorció de su esposa, que ahora está casada con otra persona, sus hijas no le hablan, y descubrió que los hombres con su apariencia no son populares en los bares gays. De algún modo, Oprah olvidó mencionar eso. Ahora Harry toma antidepresivos para evitar suicidarse.

Luego hubo otro hecho, de alguien que tenía el mismo nombre. Harry (no es su nombre real, pero lo pongo porque era igual al anterior) tenía unos 30 años (pero podía pasar por alguien de 20) y había crecido en un entorno mormón, con toda la ingenuidad que eso sugiere. A diferencia del primer Harry, no tenía dificultad en conseguir citas, o relaciones. El problema era que las relaciones nunca duraban más de un par de semanas. Harry desarrolló rápidamente un problema serio con la bebida. (Demasiado para la sabiduría de los mormones). Si le sucedía a usted que hubiera estado en un bar alrededor de las 2 a.m., probablemente podría haber tenido a Harry para esa noche si le interesaba. Estaba tan ebrio que no lo recordaría al día siguiente, y todo lo que quería en ese momento era que alguien lo abrazara.

La cultura gay es una paradoja. La mayoría de homosexuales tienden a ser demócratas liberales, o en el Reino Unido, simpatizantes del Partido Laborista. Están en los partidos en los que las políticas son más compasivas a las necesidades de los desprotegidos y oprimidos. Pero no hay nada de compasivo en un bar gay. Representa el dejar hacer del mercado sexual libre del más darwiniano tipo. No hay lugar en él para aquellos que no están preparados a competir, y las reglas de juego son despiadadas e inmisericordes. Recuerdo una vez cuando estuve en un pub gay en la zona central de Londres. La mayoría de los hombres estaban entre los 20 y 30 años aproximadamente. Un caballero mayor entró, parecía tener algo más de 70 años. Era como si el Ángel de la muerte en persona hubiera llegado. En ese bar lleno de gente, se abrió un espacio a su alrededor en el que nadie quería estar. Su sombra transmitía una suerte de contagio. Era obvio que su presencia ponía nerviosos a los demás clientes. Miró tranquilamente el bar y ordenó una bebida. No le habló a nadie y nadie le habló. Cuando terminó su bebida y se fue, la mirada de alivio de toda esa gente reinó en el pub. Ahora todos podían volver a pretender que los homosexuales siempre son jóvenes y bellos.

Querido lector, ¿sabe lo que es un "cazador de bichos" (bug chaser)? Es un hombre joven que quiere contagiarse de VIH para nunca llegar a viejo. Y esa es la palabra que Harry dejó a su esposa, y el otro Harry a su iglesia, para encontrar la felicidad en ella.

He conocido a muchas personas como los dos Harrys. Pero he conocido unos pocos que siquiera bordean la semblanza idealizada de las imágenes que vemos en las películas ganadoras del Oscar como Filadelfia, o en la sección de magazine de The New York Times. Lo que encuentro sospechoso es que los medios ignoran la existencia de personas como los dos Harrys. La infelicidad es tan común entre los homosexuales que se barre bajo la alfombra, mientras que se ofrece al consumo público irreales modelos. Al final hay buen material para un debate serio sobre la proposición de que "lo gay es bueno", pero ese debate no se realiza, porque la mayoría de los principales medios ya han tomado su (o nuestra) decisión.

Pero es difícil ocultar la pornografía por siempre. Cuando estaba dejando Londres, tuve una magnífica amiga llamada Maggie (no es su nombre real) que era una liberal. Su gran corazón latía por los oprimidos. Como la mayoría de los liberales, estaba orgullosa de su mente abierta (open-mindedness) y la blandía como una espada de honor. Maggie vivía en una casa tan grande como su corazón y todos sus hijos ya habían crecido y se habían mudado. Tenía un par de cuartos que alquilaba. Sucedió que los dos inquilinos que tuvo eran gays. La primera reacción de Maggie fue un sincero entusiasmo. No conocía a muchos gays, y pensó que la experiencia de rentar los cuartos a dos homosexuales confirmaría su mente abierta. Creyó que sería una experiencia de la cual aprendería. Lo fue, pero no el tipo de aprendizaje que tenía en mente.

Un día Maggie me contó sus problemas y me confesó sus dudas. Me habló de lo que era ver a sus dos inquilinos por la mañana a la hora del desayuno, cómo encontraba a dos extraños todas las mañanas que habían llegado la noche anterior. Rara vez eran los mismos extraños en dos mañanas consecutivas. Uno de sus inquilinos estaba en una relación de larga distancia pero, en ausencia de su compañero, se sentía en libertad para buscar consuelo en cualquier parte. Me habló de lo que era tener que lidiar con eso todos los días con el respectivo alboroto de las vidas tumultuosas de sus inquilinos. Me dijo lo que se sentía al abrir la puerta una tarde y ver a un policía que buscaba a uno de sus inquilinos, acusado de vender drogas a escolares. Ese mismo inquilino estaba involucrado con la prostitución. Maggie no sabía qué hacer con todo eso. Quería desesperadamente mantener su mente abierta, seguir creyendo que los gays no eran peores que nadie, solo distintos. Pero no podía reconciliar su experiencia con la suposición de "tolerancia". La verdad es que cuando finalmente se fueron, ella quería incluir la siguiente restricción: "No se aceptan maricas". No sabía qué decirle porque estaba tan confundido como ella. Quería mantener mis ilusiones también, pese a toda la clara evidencia.

Estoy convencido de que muchos, si no la mayoría, de quienes están familiarizados con las vidas de los homosexuales conocen la verdad, pero se resisten a enfrentarla. Mi mejor amigo se involucró en el movimiento de derechos gay cuando era un estudiante graduado. Él y su colega lesbiana a veces aconsejaban a jóvenes que estaban lidiando con su sexualidad. Una vez, los dos conocieron a un joven que estaba seriamente abrumado por un terrible acné. El joven habló elocuentemente sobre la felicidad que experimentaría al salir del closet. Iba a encontrar un compañero, y luego los dos vivirían felices para siempre.
Todo el tiempo mi amigo estuvo pensando en que si alguien como este joven gordo y pustulento entrase a un bar, sería doblado, golpeado y mutilado antes de sentarse siquiera. Al final, la lesbiana miró al joven y le dijo: "Sabes, algunas veces es mejor no salir del closet". Mi amigo me dijo que para él este era un momento decisivo. La lesbiana decía que admiraba y amaba a los gays. Nunca dejó de alabar su amabilidad, compasión y creatividad. Pero con ese comentario en efecto le dijo a mi amigo que sí sabía en qué consistía la vida gay. Todo el asunto era sobre carne, y si no eres un buen corte, entonces ni te molestes en ir al supermercado.

En otra ocasión, me estaba quejando con una lesbiana de mi desilusión y me admitió algo interesante. Tenía un hijo que hasta el momento no mostraba signos de interés sexual de ningún tipo. Sabía que como lesbiana no debía importarle el camino que tomara, pero me confesó que sí le importaba. Con la experiencia de vida de los gays que conocía, se descubrió rezando secretamente para que su hijo fuera heterosexual. Como madre, no quería que su hijo la viviera.

Una definición popular de locura es la de seguir haciendo lo mismo y esperar que el resultado sea distinto. Ese era yo, todo el tiempo mientras intentaba ser un feliz homosexual. Estaba loco de remate. Varias veces busqué consejo en homosexuales que parecían mejor ajustados en la vida de lo que yo estaba. Al principio, quería la confirmación de que mis percepciones eran correctas, es decir, que la vida como homosexual en realidad era tan horrible como me parecía. Y luego quería saber qué tenía que hacer al respecto. ¿Cuándo iba a mejorar? ¿Qué podía hacer para que me fuera mejor? Obtuve dos tipos de reacciones a estas preguntas, y ambas me dejaron herido y confundido. La primera reacción fue la negación, con frecuencia amarga, con respecto a lo que sugería. Me dijeron que había algo mal en mí, que la mayoría de los gays lo estaban pasando muy bien, que estaba generalizando basándome en mi propia experiencia (¿y en qué experiencia debía basarme?), y que debería callarme y dejar de molestar a otros con mi "homofobia internalizada".

Comencé a ver a un consejero cuando era un estudiante graduado. Matt (no es su nombre real) estaba felizmente casado y tenía hijos universitarios. Todo lo que sabía sobre la homosexualidad lo aprendió de otros miembros de su profesión, quienes le aseguraban que la homosexualidad no era una enfermedad mental y que no existían buenas razones para que los homosexuales no llegaran a tener vidas felices y productivas.

Cuando estaba por soltar todas mis quejas, Matt me dijo que en realidad yo nunca había salido del closet. (Todavía no tengo idea de lo que quiso decir, pero sospecho que es como eso de "una vez salvo, salvado para siempre" bautista que respondía a los obsoletos precisándoles en primer lugar que nunca habían estado salvados). Necesitaba volver, me dijo, intentar nuevamente, y continuar buscando experiencias positivas de las que estaba seguro estaban disponibles para mí, basándose en lo que había establecido la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association).

Él casi no tenía experiencia con homosexuales, pero lo que podía ver le aseguraban que la sección de libros en Lobo's ofrecía una imagen real de la vida homosexual. Me di cuenta de que Matt no tenía ni idea, pero todavía quería creer que estaba en lo correcto.

Matt y yo desarrollamos una relación terapéutica. Durante el año que pasamos juntos, aprendió mucho más de lo que yo aprendí de él. Intenté seguir su consejo. Compartía una casa ese año con otro estudiante graduado que estaba en proceso de salir del closet y que experimentaba su propia desilusión. Dado que yo era su único amigo gay, y que lo había alentado a salir del closet, su amargura se dirigía directamente hacia mí, y nuestra relación sufría por ello. Mientras tanto, mi amistad crecía con un miembro de la facultad que era abiertamente gay. La primera vez que le conté a Matt, se quedó extasiado. Pensó que finalmente estaba saliendo del closet adecuadamente. El tipo de la facultad era la clase de amigo que necesitaba. Pero este tipo, como luego se supo, pese a su fachada inmaculada profesional, era un hombre con serios problemas que les hacía experimentar a sus amigos un infierno emocional, que yo también viví con un asombrado y silencioso Matt. (Traté de salir con el mencionado profesional pero, como siempre, experimenté los mismos patrones que caracterizaron mis relaciones homosexuales. La amistad duró tanto como la calentura sexual. Una vez que se enfrío, el interés de mi compañero en mí como persona se disipó también) No era un buen año. Al final del mismo, recuerdo a Matt mirándome fijamente con cierto estupor y admitiendo: "sabes, ser gay es bastante más complicado de lo que imaginé".

No todas las personas con las que hablé rechazaron lo que tenía que decir. Una vez tuve correspondencia con un inglés que había sido dominico. Me fascinó saber que era gay, y que eventualmente había sido expulsado de su orden por no aceptar quedarse dentro del closet. Incluyó una dirección de mail en uno de sus libros y le escribí, preguntándome si su experiencia de vida como homosexual era significativamente distinta a la mía. Asumía que debía serlo, ya que había escrito un par de libros, defendiendo apasionadamente los derechos de los homosexuales y su lugar en la Iglesia. Su respuesta fue un clavo más al ataúd de mi vida como homosexual. Para mi sorpresa, él admitía que sus experiencias no eran distintas a las mías. Todo lo que podía hacer era sugerirme que siguiera intentando y que eventualmente las cosas funcionarían. En otras palabras, este hombre brillante, cuyos libros significaban tanto para mí, no tenía nada que sugerir además de pedirme que siguiera tratando, y esperara un resultado diferente. Había una sola conclusión razonable. Habría estado loco si seguía su consejo. Me tomó 20 años, pero finalmente llegué a la conclusión de que no quería volverme loco.

¿Entonces, dónde estoy ahora? Asisto a una parroquia católica militante y correcta en Houston que es uno de los regalos más espectaculares que Dios me ha hecho. Mi mejor amigo Mark (no es su verdadero nombre) es, como yo, un hombre refugiado que fugó de la vida homosexual y obtuvo asilo. También es un creyente devoto, aunque es presbiteriano (nadie es perfecto). De Mark he aprendido que dos hombres pueden amarse profundamente sin tener que desvestirse.

Nos dicen que la Iglesia se opone al amor entre personas del mismo sexo. No es verdad. La Iglesia se opone al sexo homogenital, que en mi experiencia no tiene que ver con el amor, sino con la obsesión, adicción, y compensación por no tener una masculinidad comprometida.

No estoy orgulloso de la vida que he vivido. De hecho, estoy profundamente avergonzado de ella. Pero si leer esto previene a jóvenes ingenuos, crédulos de cometer los mismos errores, entonces tal vez con la ayuda de Nuestra Señora de Guadalupe, de San José su casto esposo, de mi santo patrono, Edmund Campion; de San Josemaría Escrivá; de los beatos carmelitas mártires de Compiégne; y, finalmente pero no por eso menos, de mi guía especial y sobrenatural mentor, el venerable John Henry Newman, puedo al menos esperar una rebaja en los varios siglos de Purgatorio que sé me esperan.

Entonces, ¿Qué tenemos que hacer como Iglesia y cultura? Eliminar la fachada y exponer la pornografía que está detrás. Comenzar a presionar a los homosexuales para que digan la verdad sobre sus vidas. Dejar de debatir la correcta interpretación del Génesis 19. Dejar a los hombres de Sodoma y Gomorra enterrados en donde están. Sodoma está escondida en el plano visual para nosotros, aquí y ahora, hoy.

Una vez, cuando preparaba un discurso sobre el Cardenal Newman, resumí su clásico ensayo sobre la doctrina cristiana de esta manera: La verdad madura, el error aflora. El movimiento de derechos homosexuales está podrido hasta el corazón. No tiene futuro. Tarde o temprano, quienes están dentro de él van a despertar del sueño del deseo desbordado, o morirá. Es solo cuestión de tiempo. La pregunta es ¿cuándo? ¿Cuántos niños van a ser sacrificados a este Moloch?

Hasta hace algunos meses, había una librería Lobo's también en Houston. No accidentalmente. Estoy seguro de que su diseño era idéntico al de Austin. Estaba solo a unas cuadras de la estación de gasolina en donde le hago el servicio a mi auto. Recientemente, estaba caminando por el vecindario mientras le hacían rotación a las llantas de mi carro. Y me di cuenta de algo. Había un aviso en la puerta de Lobo's que decía "el inquilino anterior fue desalojado por no pagar la renta".

Los libros y la pornografía, la fachada de sus engaños ya no están ahora. Alabado sea Dios.


[1] Esta organización se autodefine como un grupo que trabaja por el "respeto y justicia para todos los gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros en la Iglesia Católica y el mundo a través de la educación, la defensa y el apoyo". Se inició en San Diego, USA, en 1969 y no sigue las enseñanzas de la Iglesia sobre moral sexual

La Cultura de la sexualidad invertida







por Patrick F. Fagan
Miembro de la Fundación Heritage de Washington

La anticoncepción ha engendrado una moda que se podría caracterizar como la 'homosexualización' de la heterosexualidad.

Es imposible ver los cambios en nuestra cultura en las últimas décadas sin darse cuenta de la magnitud de aquellos experimentados a causa de los nuevos comportamientos sexuales. La tesis de este ensayo es que la fuerza del presente movimiento homosexual y otros movimientos sexuales radicales tienen sus raíces en estos cambios.

Los grandes cambios que ocurrieron en la teoría acerca de la naturaleza del acto sexual comenzaron en la última parte del siglo XIX, recibieron estima a comienzos de este siglo y lograron un significativo surgimiento en el año 1930 cuando ocurrió la ruptura de la tradición unánime sobre la enseñanza moral religiosa de la naturaleza del acto sexual.

Al final de la década del '40 las parejas norteamericanas casadas ya usaban el método anticonceptivo en gran escala. En los '60, los hijos de estas parejas se convirtieron en los líderes de la revolución sexual, rechazando la necesidad del matrimonio como contexto para realizar el acto sexual -lógicamente un rechazo basado en sus experiencias personales. En los años '70, la generación siguiente encumbró el 'derecho de la mujer a elegir' el aborto, convirtiendo el hecho de deshacerse del fruto natural del acto sexual en algo legalmente posible. Una generación más tarde, la de los años '90, hemos visto el surgimiento del movimiento de los derechos del homosexual.

Todas estas graduales 'tendencias hacia Gomorra' son la consecuencia natural de la separación del acto sexual de su principal fin y de su función natural fundamental: la concepción de un niño. Esa separación cambia el enfoque del acto sexual; y al hacerlo así, cambia también al adulto que actúa de esa manera, tanto en sus disposiciones psicológicas como en sus relaciones personales. Finalmente, tenemos que los comportamientos sexuales, de estar centrados 'en el otro' pasan a estar centrados 'en uno mismo'; las relaciones sexuales se mueven de la extroversión hacia la introversión y de estar concentradas en lo heterosexual, se autoconcentran.

Si se destruye la posibilidad de la reproducción en la naturaleza del acto sexual, sería difícil negarles el 'derecho' a comprometerse en actividades sexuales aprobadas legalmente a aquellos (homosexuales y otros) cuyos actos sexuales se ven siempre privados de la posibilidad de concebir un niño. Además, si los homosexuales arguyen que ellos se consideran privados del derecho igualitario en la búsqueda del placer -el cual, según ellos, no pueden experimentarlo en los actos heterosexuales- su argumento asume aún más fuerza. Consiguientemente, muchas iglesias y cuerpos gubernamentales han comenzado a concluir que los homosexuales tienen 'derecho' a las uniones legales: a los 'matrimonios' del mismo sexo. Ante los comportamientos sexuales que ahora dominan nuestra cultura, es difícil negar la persuasión de sus argumentaciones.

La nueva inversión sexual

La anticoncepción ha cambiado radicalmente la función social del acto sexual; este hecho nadie lo puede negar. Y este cambio en la función social ha producido un giro en la forma de pensar nuestra sexualidad, lo cual a su vez, produce un cambio en la sociedad entera. Las estadísticas sociales sobre la cultura heterosexual son ahora grandemente preocupantes.

La opinión fundamental de este ensayo es que los heterosexuales norteamericanos muestran los síntomas de un desorden que está relacionado -y es aún más peligroso- con la estructura psicológica interna de la orientación homosexual.

La descripción psicoanalítica más frecuentemente usada de la homosexualidad como un fenómeno psicológico nos dice:

La homosexualidad es considerada como uno de los sistemas desarrollados por individuos para organizar las experiencias y las expresiones de sentimientos contrarios y dolorosos a la vez que sirve como contención de ansiedades más profundas y ofrece al individuo un modus vivendi . El sistema no es sólo un objeto de elección sino una antigua forma de relacionarse. Es parte del desarrollo del carácter de la persona y mucho más complejo que la noción de ser parte de un objeto de elección. Es importante distinguir la identidad homosexual de la conducta homosexual. La presencia de la homosexualidad, si es opuesta o reprimida, podría ocasionar el surgimiento de síntomas tales como ansiedad, inhibiciones sociales o disfunciones sexuales como la impotencia o frigidez.

Esta definición se podría reformular para describir la mayoría de las parejas casadas hoy en los Estados Unidos, como también una gran proporción de individuos heterosexuales no casados. Nos queda así:

La anticoncepción puede ser considerada como uno de los sistemas desarrollados por individuos para organizar las experiencias y las expresiones de sentimientos y deseos contrarios. Este sistema (de anticoncepción), a su vez, sirve como contención de ansiedades más profundas y ofrece al individuo un modus vivendi . El sistema no es un objeto de elección (la elección del que va a ser amado) sino una antigua forma de relacionarse y es parte del desarrollo del carácter de la persona. Es importante distinguir la identidad heterosexual de esta forma de conducta heterosexual. La presencia de la heterosexualidad, si encuentra oposición o represión, como es el caso de la anticoncepción habitual, podría ocasionar el surgimiento de síntomas tales como ansiedad, inhibiciones matrimoniales, disfunción sexual, divorcio, rechazo a los niños y aborto.

En el conflicto psicológico experimentado por los homosexuales, (para ellos) la amenaza a la integridad de la propia personalidad resultaría de la necesaria intimidad con un miembro del sexo opuesto. En el conflicto causado por la anticoncepción esta amenaza resultaría del deber de atención íntima requerida por el niño.

Ismond Rosen, un destacado terapeuta británico especializado en disfunciones y desviaciones sexuales y editor de The Oxford Book of Sexual Deviations , declara:

«De acuerdo a mis observaciones, el estilo de vida homosexual es adquirido, y si éste es incorporado como parte del sentido de identidad o personalidad del individuo, las posibilidades de cambio de esa persona para que adquiera una orientación heterosexual son mucho más remotas, debido a la inconsciente resistencia producida por la amenaza de una actual pérdida de identidad o sentido de sí mismo».

Estas ideas sobre el desarrollo de la orientación homosexual pueden también ser transpuestas al tema de la anticoncepción. La reconstrucción quedaría de la siguiente manera:

El estilo de vida anticonceptivo es adquirido (existe en estos momentos una gran infraestructura educacional y médica dedicada a ese empeño), y cuando éste es incorporado como parte del sentido de identidad sexual y práctica habitual del individuo, las posibilidades de cambio de esa persona para 'darse a sí misma' son mucho más remotas, debido a la ansiedad producida por la amenaza o temor de la pérdida de sí mismo en el sacrificio que implica traer un hijo a la existencia.

Primeros pareceres sobre la anticoncepción

La tesis de este ensayo no es nueva. No está anclada en una doctrina religiosa sino en la comprensión en la ley natural del poder del acto sexual. Durante innumerables generaciones, los sabios han reconocido la capacidad que tuvieron los comportamientos y las actividades sexuales para orientar o desorientar no sólo al individuo sino también a la sociedad entera. La presente desorientación y disfunción de nuestra sociedad y de los individuos que la integran fue predicha por mucha gente que anticipó la aceptación masiva de la anticoncepción. La exactitud de sus predicciones otorgan el derecho de validez a esas ideas fundamentales.

Podemos encontrar muchos mensajes similares provenientes de diferentes latitudes. Por ejemplo:

· Theodore Roosevelt escribió:

«El control de la natalidad es el único pecado que tiene como pena la muerte de la nación, la muerte de la raza; un pecado para el cual no hay reparación».

· Sigmund Freud -enemigo de la religión- señaló que la separación de la procreación de la actividad sexual es la más básica de las perversiones, y que toda otra perversión sexual está arraigada en esta filosofía. Así escribió en su libro La Vida Sexual de los Seres Humanos:

«El abandono de la función de la reproducción es la característica común de todas las perversiones. Actualmente describimos una actividad sexual como perversa si ésta ha renunciado al propósito de reproducir y si persigue la obtención del placer como un fin independiente de éste. Así pues, como se verá, la brecha y punto de inflexión en el desarrollo de la vida sexual yace en que ésta se subordine al propósito de reproducción. Todo lo que ocurra con anterioridad a este viraje de los eventos e igualmente todo lo que no lo considere y que apunte exclusivamente a la obtención del placer recibe el nombre poco halagüeño de 'perverso' y como tal es proscrito».

· Mahatma Ghandi, a pesar de haber sido enérgicamente presionado por Margaret Sanger, la fundadora de Paternidad Planificada, resumió las consecuencias perjudiciales de la anticoncepción artificial:

«Los métodos artificiales (de anticoncepción) son como la coronación del vicio. Hacen a los hombres y mujeres imprudentes... La naturaleza es despiadada y tendrá su gran venganza por cada violación que se le infrinja a sus leyes. Los resultados morales pueden ser solamente producidos por la restricción moral. Todas las demás restricciones hacen fracasar los mismos propósitos para los cuales fueron planeadas. Si los métodos artificiales se convierten en el orden del día, el resultado no será otro más que la degradación moral. Una sociedad que ya se ha debilitado a través de una variedad de causas estará aún más debilitada a causa de la adopción de métodos (de control de nacimientos) artificiales... En este estado de cosas, el hombre ha degradado bastante a la mujer a causa de su lujuria, y los métodos artificiales, sin importar la buena intención de sus defensores, la degradarán aún más».

Cambios históricos

No podemos decir, como sociedad, que no estamos prevenidos. Sin embargo, la práctica de la anticoncepción se ha extendido dramáticamente durante la última parte del siglo XX. De ser algo raro, ha pasado a extenderse considerablemente -en realidad, a ser habitual.




Y la esterilización como forma de control de la natalidad ha ido incrementando su popularidad, especialmente entre aquellos padres que ya han tenido uno o más hijos.




El lobby que impulsa la educación sexual -e involucra a la mayoría de las grandes fundaciones sin fines de lucro que existen en Estados Unidos , a sus colegas que se dedican a la educación y a las ciencias sociales en las universidades y a sus pares en las profesiones médicas y de enfermería- ha empleado enormes recursos para lograr cambiar la manera de pensar de la gente joven sobre la naturaleza del acto sexual. Esto ha ido, sin lugar a dudas, en detrimento de nuestra cultura cotidiana.




Dado el uso corriente de la anticoncepción y el fácil acceso al aborto, se podría esperar que la proporción de los nacimientos fuera del matrimonio en las jóvenes norteamericanas hubiera disminuido durante las generaciones pasadas. En rigor de verdad, es todo lo opuesto. Entre las mujeres norteamericanas por debajo de los 20 años que dan a luz cada año, la proporción de las que están casadas al momento del nacimiento del niño ha ido decayendo regularmente, de casi el 90 por ciento en el año 1950 a menos del 30 por ciento en el año 1990. Y no hay ninguna razón para esperar que haya un cambio en esta estadística.

La tasa del rechazo

El cambio más fundamental en la sociedad causado por la nueva manera de pensar el acto sexual, ha producido la emergencia de los Estados Unidos como una cultura del rechazo: un lugar que cada vez se vuelve más hostil para que vivan los niños. La tendencia hacia los nacimientos fuera del matrimonio, agravada por los divorcios, que dejan a los niños sin una madre casada o sin un padre que vive en la casa, tiene como resultado un constante incremento en el número de niños que viven en hogares destrozados.

Los efectos de estos cambios son indiscutiblemente negativos. La vida en estos hogares aumenta los riesgos para los niños. Entre ellos se tienen:

· Problemas de salud físicos;
· Desarrollo cognoscitivo retardado, especialmente el desarrollo verbal;
· Bajo logro en la educación;
· Bajo rendimiento en el trabajo;
· Aumento en los problemas de conducta;
· Bajo control de los impulsos;
· Desarrollo social desvirtuado;
· Abusos sobre esposa/o o niño;
· Crímenes;
· Abusos físicos o sexuales.

Como los hogares destrozados son cada vez más numerosos -especialmente en ciertas comunidades tales como los barrios ocultos de las grandes ciudades- los resultados son aún más devastadores. El sociólogo Charles Murray ha determinado que cuando la proporción de hogares destrozados en una población local alcanza el nivel del 30 por ciento, esa misma comunidad se convierte en fuente de riesgos adicionales, en vez de convertirse en apoyo para el niño o la familia. Muchos barrios urbanos pasaron este nivel estadístico hace mucho tiempo; en estos momentos la nación entera ha alcanzado el mismo punto estadístico.




Para las familias norteamericanas de clase trabajadora, el futuro que les espera no augura nada bueno. Por otra parte, para aquellos que viven en el fondo de la escala socio-económica, la casa de familia estable ha desaparecido virtualmente. Correspondiente a esta desaparición se encuentra la tendencia al abuso sexual de los niños.

Las estadísticas del Gobierno Federal confirman que la incidencia del abuso de niños está íntimamente relacionada con la situación económica de la familia. Sería un error clasificar el abuso de niños simplemente como un problema que aflige sólo a las familias pobres. Existe también una fuerte correlación entre la incidencia del abuso y la condición matrimonial de los padres.




Un estudio británico arroja más luz aún sobre la conexión que hay entre la estructura familiar y el abuso de niños, lo cual nos muestra que esto último es, en comparación, raro en una casa donde los padres naturales del niño aún viven juntos, pero que es paulatinamente más factible que suceda en casas donde la madre se ha vuelto a casar, o vive sola, o los padres nunca se han casado, o el niño vive con un padre soltero o -lo más peligroso de todo- que la madre vive con otro hombre que no es ni su esposo ni el padre natural del niño.

La unión anticoncepción-aborto

El definitivo rechazo a los niños es, por supuesto, el aborto. «Es evidente que nada menos que los anticonceptivos pueden poner fin a los horrores del aborto y del crimen de niños», dijo Margaret Sanger haciéndose eco de una frase que ha sido repetida -y aún lo es- por muchos otros. No obstante la creciente popularidad y disponibilidad de los anticonceptivos no se ha reducido el número de abortos, y muchos de los abortos que se realizan hoy ocurren fuera del matrimonio -es decir, entre aquellos que más radicalmente reclaman el derecho a la inversión del acto sexual.




Un folleto distribuido por la Liga Nacional de los Derechos al Aborto (antes que su nombre fuera cambiado por el de Liga Nacional de los Derechos al Aborto y la Reproducción) nos muestra cómo los defensores de la planificación familiar han cambiado su posición con respecto a la relación entre la anticoncepción y el aborto desde los días de Margaret Sanger:

«Por supuesto que los anticonceptivos tendrían que estar más al alcance de todos y de alguna manera más promocionados; sin embargo, en el presente estado en que se encuentra la tecnología que se aplica en la producción de los anticonceptivos y dada la constante posibilidad de que haya error humano aun en el uso de los mejores métodos, el aborto aparece como una solución necesaria; es decir, no se prefiere su uso al de la anticoncepción, pero una vez que el embarazo ocurre, es el único medio para impedir el nacimiento».

El aborto en estos momentos ocupa sólo un lugar más en la serie de propuestas, todas las cuales apuntan a evitar el nacimiento. El propósito final del esfuerzo realizado para implantar la planificación familiar -que tiene que ser lograda a costa de cualquier medio necesario- es separar el acto de la unión sexual de la perspectiva de producir niños.

Relaciones alteradas

Una vez que como sociedad eliminamos del concepto popular del acto sexual la disposición a engendrar un niño, alteramos consiguientemente la noción del papel que el sexo juega dentro del matrimonio. Esa alteración condujo naturalmente a otra, y ese trabajo fue llevado a cabo en los años '60 por los hijos de los primeros matrimonios 'alterados': eliminar la idea de que la actividad sexual tenga que estar limitada únicamente al matrimonio. Y más tarde, una vez deshechos de la idea de que la actividad sexual implique reproducción y que esta actividad sea una prerrogativa exclusiva del matrimonio, nuestra sociedad percibió la necesidad de eliminar un obstáculo más.






De esta manera se tomaron medidas para que se hiciera legal la supresión de un niño que podría haber sido inconvenientemente concebido, dentro o fuera del matrimonio. Ésta fue la labor realizada en los años '70. Finalmente, una vez desligada la disposición a la reproducción y la necesidad de un compromiso matrimonial del concepto popular de sexualidad, nuestra sociedad comenzó a observar los actos homosexuales simplemente como una variante más dentro de la nueva versión de la sexualidad.

Nótese, a propósito, que todos los desórdenes psicológicos y sociales arriba descriptos -hogares destrozados, abusos de niños, y otros más- están presentes dentro de la 'cultura heterosexual'. A pesar de ser verdad que la subcultura ' gay ' nos muestra un mayor nivel de disfunción con respecto al mismo orden de cosas, la cultura de la inversión sexual no está limitada únicamente a la homosexualidad. También entre los heterosexuales la transformación de la actividad sexual en un proceso de ensimismamiento -sostenido por la falta de compromiso hacia los hijos o esposo- ha producido desastrosos resultados sociales y psicológicos.

En una sociedad tradicional los adultos son los que llevan las cargas sociales y aceptan los golpes de la vida. Por eso protegen a sus hijos, para que puedan crecer en un ambiente seguro y libre de perturbaciones. Hoy los hijos de nuestra nación son quienes llevan la carga -muy frecuentemente, viviendo en la inseguridad de un hogar destrozado- mientras los padres buscan sus propios destinos. En realidad, las cargas psicológicas que experimenta la nueva generación pueden precisamente remontarse a la mala voluntad de sus padres y/o a la incapacidad de establecer un compromiso matrimonial para siempre, lo cual constituía anteriormente una precondición para que la sexualidad se realizara dentro de los parámetros moralmente permitidos.

Los niños -la nueva generación, la próxima iteración de la nación- son la principal razón de la familia. Pero si en la manera de pensar de una pareja adulta no se consideran los niños, la situación cambia irremediablemente. «La gente no vive junta sólo para estar juntos. Viven juntos para hacer algo juntos», escribió Ortega y Gasset. «Ningún grupo social sobrevivirá mucho tiempo a su principal razón de ser», continuó el mismo autor. América del Norte y Europa Occidental, con sus índices de crecimiento de la población negativos, pronto se verán forzados a llegar a un acuerdo con las observaciones de Ortega y Gasset y de Roosevelt. ¿Puede una cultura que no se reproduce y que no protege a sus hijos sobrevivir?

Definiendo la desviación

Una de las funciones públicas de la religión es asegurar la adhesión de la sociedad a la ley moral natural. Cuando la institución de la religión se derrumba como consecuencia de no acertar en una cuestión moral, no se puede esperar que las otras instituciones (familia, educación, gobierno y el mercado) no se desmoronen también. Cuando las instituciones religiosas 'definan la desviación' (parafraseando a Daniel Patrick Moynihan), es muy probable que las demás instituciones adopten esta definición. Así es como sucedió anteriormente con el tema de la anticoncepción.

El movimiento de planificación familiar, vehículo a través del cual la anticoncepción va ganando posiciones, tiene sus raíces fuera del Cristianismo, principalmente en aquellos grupos que son radicalmente hostiles al Cristianismo. El ataque a los tradicionales principios morales sostenidos por la tradición Judeo-Cristiana se encontraba ya bastante avanzado al comienzo de este siglo. Al mismo tiempo, el movimiento del control de la natalidad ha reconocido la necesidad de lograr una cierta aprobación por parte de las religiones -incluso ya han alcanzado un objetivo principal como compensación a la presión que ejercen. En 1919 el teólogo anglicano C. K. Millard escribió en El Clérigo Moderno:

«Aunque muchos maltusianos son racionalistas, son bien conscientes que sin la aprobación religiosa su política nunca podría emerger del oscuro bajo mundo de las cosas que poco se mencionan y se respetan y que nunca podría ser defendida abiertamente a la luz del día. Con este propósito el control de la natalidad está camuflado por la fraseología pseudo poética y pseudo religiosa y se le pide a la Iglesia Anglicana que cambie su enseñanza. Los que promulgan el control de la natalidad se dan cuenta que realizar esta petición a la Iglesia Católica sería inútil. No así con la Iglesia de Inglaterra, que no reclama la infalibilidad; para con ellos el caso es diferente y es posible la discusión del tema».

Si se pudiera señalar una fecha como histórica en el rompimiento del consenso cristiano acerca de los principios tradicionales en la ley natural de la moralidad sexual -si alguien desearía resaltar la primer caída oficial de Occidente por la pendiente resbaladiza-, ese día infeliz sería el 15 de Agosto de 1930. Fue cuando la Conferencia de Lambeth de la Iglesia de Inglaterra, por una votación de 193 contra 67, aprobó una resolución que decía en parte:

«Cuando hay un claro sentimiento de la obligación moral de limitar o evitar la paternidad, el método debe ser decidido en base a los principios cristianos. El método principal y obvio es la completa abstinencia del acto sexual (hasta donde pueda ser necesario) en una vida llevada como discípulo y vivida en control de sí mismo bajo la acción del poder del Espíritu Santo. Sin embargo, en aquellos casos donde existe tal claro sentimiento de la obligación moral de limitar o evitar la paternidad, y donde hay un sano juicio moral de evitar la completa abstinencia, la Conferencia acepta el uso de otros métodos, siempre y cuando esto sea realizado bajo la luz de los mismos principios cristianos. La Conferencia hace constar su fuerte condena al uso de cualquier método de control de la concepción con motivos de egoísmo, lujuria o mera conveniencia (se ha agregado énfasis)».

A través de ese voto, la unidad moral tradicional de la Cristiandad con respecto a este tema, fue destruida.

En los años precedentes a las Conferencias de Lambeth de 1908, 1914 y 1920, los líderes de la Iglesia Anglicana fueron presionados a que cambien la enseñanza moral tradicional. No obstante han respondido a esa presión reiterando su posición tradicional:

«Expresamos la enérgica advertencia en contra del uso de medios antinaturales para evitar la concepción, junto con los graves peligros -físicos, morales y religiosos- en los que se incurre, y en contra de los males con que la extensión de tal uso amenaza a la raza. En oposición a la enseñanza que en el nombre de la ciencia y de la religión incita a las parejas casadas a adoptar la deliberada cultura de la unión sexual como un fin en sí misma, nosotros firmemente sostenemos lo que siempre debe ser tenido como la consideración rectora del matrimonio cristiano. Uno es el propósito esencial por el cual el matrimonio existe -principalmente, la perpetuación de la raza a través del regalo y herencia de los hijos; el otro es la suma importancia que tiene el control de sí mismo, deliberado y considerado, en la vida de matrimonio».

Similares debates ocurrieron en muchas otras denominaciones religiosas. Los judíos ortodoxos se mantuvieron firmes a la norma moral tradicional, en contraposición a los judíos reformistas quienes rompieron los lazos con el antiguo consenso. La Conferencia Central de Rabinos Americanos, por su parte, tomó su posición a favor de la anticoncepción en el año 1929.

El Consejo Federal de Iglesias de los Estados Unidos (que hoy se conoce como el Consejo Nacional de Iglesias) ha estado esperando, por lo visto, que otro grupo lidere el proceso de 'modernización' de la posición cristiana con respecto al control de la natalidad. En marzo de 1931, ese grupo siguió los pasos de la Conferencia de Lambeth y avaló «el uso cuidadoso y limitado de anticonceptivos por parte de gente casada», mientras que al mismo tiempo admitía que «serios males, tales como relaciones sexuales extramatrimoniales, podrían incrementarse al existir un conocimiento generalizado de los anticonceptivos».

Sin embargo, las declaraciones realizadas por los líderes de otras iglesias cristianas ante las repercusiones de la afirmación de Lambeth, incluyendo al periodismo secular, ilustran vivamente los diferentes puntos de vista con respecto al acto sexual que las iglesias tenían en aquellos días. Rápidamente y pisándole los talones a las declaraciones vertidas por la Iglesia Anglicana y el Consejo Federal de Iglesias, siguieron estas declaraciones radicalmente diferentes:

El Dr.Walter Maier del Seminario Teológico Luterano de Concordia:

«El control de la natalidad, como es entendido popularmente hoy y que implica el uso de los anticonceptivos, es una de las aberraciones modernas más repugnantes, representando una renovación del siglo XX de la ruina pagana»

El Obispo Warren Chandler de la Iglesia Episcopal Metodista del Sur:

«Todo este repugnante movimiento (el del control de la natalidad) se apoya en el supuesto de la igualdad del hombre con la bestia... Su declaración (la del Consejo Federal de Iglesias) sobre el tema del control de la natalidad no tiene la autorización de ninguna de las iglesias que lo representan, y lo que ha dicho, yo lo considero como muy desafortunado, para no usar palabras más fuertes. Ciertamente no representa a la Iglesia Metodista y dudo que represente a alguna otra Iglesia Protestante en lo que ha dicho con respecto a este tema».

El Presbiteriano (2 de Abril de 1931):

«Su reciente pronunciamiento (el del Consejo Federal de Iglesias) sobre el control de la natalidad debería ser suficiente razón, si no hubiera otra, para retirar el apoyo a ese cuerpo, el cual declara que habla por la Iglesia Presbiteriana y otras iglesias Protestantes con pronunciamientos ex cathedra ».

La Convención Bautista del Sur:

«La Convención Bautista del Sur por la presente expresa su desaprobación del... proyecto de ley, que se encuentra pendiente en el Congreso de los Estados Unidos, cuyo propósito es hacer posible y proporcionar la difusión de información concerniente a anticonceptivos y control de la natalidad; cualquiera sea la intención y el motivo de tal propuesta no podemos sino creer que tal legislación es perniciosa en su carácter y constituiría un serio perjuicio para la moral de nuestra nación».

Las nuevas enseñanzas que emanan de tales organismos eclesiásticos llegaron hasta escandalizar a los periodistas seculares. El periódico Washington Post reaccionó ante la declaración del Consejo Federal de Iglesias con una acalorada editorial en la cual sostiene lo siguiente:

«Llevado por la lógica de su conclusión, el reporte de la comisión, si se hace efectivo, daría el golpe de gracia al matrimonio como institución santa al establecer prácticas degradantes que fomentan la inmoralidad indiscriminada. La sugerencia que el uso de anticonceptivos legalizados sea 'cuidadoso y limitado' es ridícula».

Dos días más tarde, reacio a dejar morir al asunto, el Post añadió una ayuda más, con desprecio, a través de su editorial:

«Es una desgracia que los visionarios usen con demasiada frecuencia a las iglesias para promover 'reformas' en campos ajenos a la religión. El apartarse de las enseñanzas cristianas constituye un hecho asombroso que en muchos casos, deja al espectador pasmado ante la falta de buena voluntad de algunas iglesias de enseñar a 'Cristo y a Cristo Crucificado'. Si éstas se convierten en organizaciones con propósito de difundir propaganda política y científica, creemos que al menos deberían ser honestas y rechazar la Biblia, mofarse de Cristo por ser maestro obsoleto y poco científico, calificarse con atrevimiento como campeones de la política y la ciencia y ser los substitutos modernos de la religión de antaño».

Para sorpresa de nadie, la Iglesia Católica permanece firme en su condena a la anticoncepción. Muchas semanas después de la revolucionaria declaración de la Conferencia de Lambeth, el Papa Pío XI explicó en Casti Connubi :

«Con el propósito de proteger la castidad de la unión nupcial de la profanación de esta sucia mancha, la Iglesia Católica eleva su voz como prueba de su divina embajada y a través de nuestra boca proclama de nuevo: cualquier uso del matrimonio ejercido de tal manera que el acto sea deliberadamente frustrado en su poder natural de generar vida es una ofensa en contra de la ley de Dios y de la naturaleza, y aquellos que consienten quedan marcados con la culpa de un pecado grave».

Mientras la posición doctrinal de la Iglesia Católica permanece clara, y ha sido frecuentemente reiterada desde Roma, la respuesta de muchos católicos en los Estados Unidos ha sido el mutismo, en el mejor de los casos; la práctica actual de las parejas católicas es similar a la de muchos otros norteamericanos. El estudio más detallado sobre el uso del control de la natalidad de los norteamericanos fue realizado por el Informe Nacional del Crecimiento de la Familia, en 1998, que reunió también información sobre la filiación religiosa de los encuestados. En 1988 el 72 por ciento de todas las mujeres católicas, casadas, en edad de concebir hijos usaron anticonceptivos artificiales. De éstas, el 55 por ciento dijeron que recurrieron a la píldora anticonceptiva, el 22 por ciento a la ligadura de trompas, el 12 por ciento a la vasectomía y el 11 por ciento a otros métodos.

Consecuencias de la anticoncepción

Esta nueva postura hacia la anticoncepción ciertamente implica un cambio en el concepto que el hombre tiene de su relación con Dios, con el sexo opuesto y consigo mismo.

Hasta donde la razón pueda llegar, el acto creativo más grande que Dios haya realizado es la creación del hombre. En el acto sexual el Creador hace del hombre su 'co-creador', ya que el hombre y Dios juntos intervienen al traer a otro ser humano a la existencia para que viva para toda la eternidad. En la tradición ortodoxa judía se describe al acto sexual como comparable a entrar en el Santo de los Santos en el Templo -encontrando a Dios donde Él está presente muy especialmente.

Hay contradicción interna en una persona casada que determinadamente practica la anticoncepción y que le rinde culto a Dios todos los domingos. En efecto, dice lo siguiente: «Yo te doy culto como mi creador pero me opongo a unirme a Ti como co-creador al ejercitar conjuntamente nuestros actos más grandes... al traer a la vida a esa próxima criatura humana que Tú quieres dotar de existencia para toda la eternidad». La contradicción es profunda, como lo son también las consecuencias.

La práctica de la anticoncepción hace que el hombre se desligue de sus amarres ontológico y psicológico. El acto sexual, siempre que esté abierto a la vida, tiene el efecto de mantener al hombre, al menos mínimamente, dirigido hacia 'el otro'. Sin ese mínimo compromiso, el hombre tiende a transformar al acto en un ensimismamiento total. De esta manera, el acto que produce el mayor de los placeres y que se centra 'en el otro' se transforma en un acto egoísta. El nuevo orden de los planteamientos psicológicos, las posturas y las disposiciones, rápidamente produce un cambio en la relación con el esposo, con los miembros del sexo opuesto y con los hijos. Los resultados -tan claros en las estadísticas- incluyen el divorcio, los nacimientos fuera del matrimonio, los abortos y los niños que sufren abuso y abandono.

La política del debate

El futuro de la sociedad depende del surgimiento de nuevos adultos, jóvenes y competentes. Este surgimiento depende a su vez de los esfuerzos que realicen los padres en amar a sus hijos. Estos padres, que aman mucho a sus hijos, tienen corazones generosos por la disposición de darse a sí mismos. La anticoncepción invierte las tendencias naturales de los padres y endurece sus corazones. Esta inversión psicológica tiene inevitables efectos sobre los hijos quienes posiblemente desarrollen la misma postura tergiversada de la sexualidad y transmitan las mismas actitudes a la próxima generación.

El presente debate público sobre la homosexualidad es solamente el último estadio de un viejo conflicto, el cual opone la perspectiva gnóstica del hombre en contra de la perspectiva de la ley natural, en la que el significado de la vida humana y el accionar humano están centrados en el Creador. En el corazón de este viejo conflicto -uno de los más antiguos y de mayor alcance que la humanidad haya conocido-, se encuentra la lucha por manipular a la sociedad a que cambie su concepción sobre el significado y propósito del acto sexual.

Al mismo tiempo, esta profunda disputa puede ser expresada en términos bastante simples. Si las personas heterosexuales no pueden asumir las responsabilidades que la heterosexualidad implica, ¿cómo pueden pedir a la persona con inclinaciones homosexuales que asuma la carga de su lucha por la castidad? Si los heterosexuales, con su decisión de evitar la nueva vida, distorsionan la relación entre el hombre y la mujer en su más íntimo nivel, ¿cómo pueden pedirle razonablemente a aquellos cuya orientación es diferente que resistan su tentación particular de distorsionar sus propias vidas?

En realidad, la corriente principal de 'los heterosexuales norteamericanos' corre el peligro de llegar a equipararse, en sus posturas y en sus orientaciones, a los síntomas que yacen en el mismo corazón del desorden afectivo homosexual: la inversión hacia uno mismo. Los Estados Unidos han creado una cultura del rechazo que es incapaz de proveer el antídoto a la cultura homosexual. Los heterosexuales no pueden afirmar la humanidad sexuada del marido y la mujer cuando por otro lado niegan su fruto. La comunidad heterosexual cuyo sentimiento para con los hijos es de rechazo y temor, no puede afirmar al homosexual cuando éste expresa su complejo grito de aceptación y amor. Los heterosexuales que insisten en tener un desarrollo sexual que los satisfaga, inevitablemente deben aceptar la misma conducta por parte de los homosexuales.

El masivo desorden social y psicológico que vemos alrededor nuestro no es exclusividad propia de la 'comunidad gay '. Nuestros problemas presentes -incluyendo el mismo movimiento de los 'derechos gay '- surgieron como resultado de los desórdenes que prevalecieron primeramente entre los heterosexuales. Si queremos remover la paja de los ojos de nuestros hermanos ' gay ' deberíamos primero remover la viga del nuestro. Si nos proponemos establecer una actitud de amor y afecto, lo cual es esencial en la ayuda que queremos brindar a los miembros de la 'cultura gay ' para que puedan vencer el obstáculo de su inversión, entonces nosotros, los norteamericanos, debemos primeramente recobrar nuestro entendimiento de la relación entre el amor, la sexualidad y el permanente compromiso hacia el esposo y los hijos. Debemos reconocer los hijos que cada uno de nosotros ha sido llamado a 'co-crear' y a amar, y debemos mostrar nuestro amor tanto a aquellos niños que están en el mundo como a aquellos que aún están por venir. De otra manera, si las dos inversiones -la heterosexual y la homosexual- terminan por llegar a un acuerdo, el futuro en realidad es desolador-especialmente para los niños y para la sociedad que estos niños puedan ser capaces de construir.